Avsnitt

  • Esta semana en Actualidad Semanal +D...

    Hay empresas que pasan media vida intentando que el mercado olvide lo que fueron. A veces lo consiguen. A veces no. Y a veces, que es lo verdaderamente interesante, el mercado tarda tanto en darse cuenta del cambio que deja una oportunidad escondida a plena vista.

    Esta semana tenemos un pequeño desfile de fantasmas corporativos, empezando por el más evidente: BlackBerry. Sí, BlackBerry, la del teclado físico, la del ejecutivo contestando correos en 2007 con la solemnidad de quien cree estar salvando el capitalismo desde el asiento trasero de un taxi. Pues bien, ha presentado resultados muy serios, y lo relevante ya no tiene nada que ver con teléfonos, sino con QNX, el software que corre dentro de millones de coches y que podría convertirse en una pieza clave de la inteligencia artificial física.

    Pero BlackBerry no viene sola. Nike también ha pasado por caja, y el mercado le ha recordado algo bastante cruel: una marca legendaria ayuda, pero no basta si el crecimiento empieza a parecer normalito. Comcast, por su parte, ha decidido que mezclar conectividad con Hollywood quizá no era una sinergia, sino una convivencia incómoda con demasiadas facturas compartidas. Rocket Lab ha comprado Iridium para acercarse, aunque sea de lejos y con prismáticos, al modelo SpaceX. Y Meta, después de gastarse una fortuna bíblica en infraestructura de inteligencia artificial, intenta convencer a los inversores de que ese capex no era una hoguera ceremonial, sino una futura línea de ingresos.

    Así que hoy vamos a hablar de empresas intentando escapar de su propio pasado sin disfrazarse de lo que no son. BlackBerry quiere dejar de ser un teclado. Nike quiere demostrar que todavía puede ser Nike. Comcast se divorcia para ver si las partes valen más que el matrimonio. Rocket Lab compra una órbita. Meta intenta alquilar la nube que le sobra.

    Y el mercado, menos romántico que un auditor con jet lag, sólo hace una pregunta: “muy bien todo esto, pero ¿quién paga?”.

    ¿TE LO VAS A PERDER?

  • En esta conversación hacemos una primera aproximación, junto a Diana Damas de Diego, al fascinante y escurridizo mundo de la complejidad. Partiendo del libro Complexity: A Guided Tour de Melanie Mitchell, analizamos la diferencia entre complicado y complejo, el fenómeno de la emergencia, cómo navegar la incertidumbre y por qué el mundo actual parece cada vez más impredecible. Con ejemplos de Dungeons & Dragons, hormigas, empresas, ciudades, fútbol y vida cotidiana, abordamos cómo pasar de lo caótico a lo gestionable y la importancia del factor humano en los sistemas complejos.Citas destacadas• “La incertidumbre no se elimina, se navega.”• “Las organizaciones suelen ser más tontas que la suma de las inteligencias de quienes las componen.”• “Todos los modelos son erróneos, pero algunos son útiles.”• “La gente no es idiota; hace lo que es funcional en su contexto.”Palabras clave complejidad, complicado, complejo, caótico, Cynefin, emergencia, Melanie Mitchell, sistemas complejos, factor X, Dungeons & Dragons, Moneyball, escala, descentralización, incertidumbre, antropología, incentivos, Game Master, comunidad, globalización, sostenibilidad, navegación de la incertidumbreTemas centrales• Diferencia entre simple, complicado, complejo y caótico (framework Cynefin de Snowden)• El fenómeno de la emergencia y por qué el todo es más que la suma de las partes• Reduccionismo cartesiano vs. enfoques holísticos y relacionales• Escala, jerarquías y flujos de información en empresas y ciudades• El rol crítico del factor humano (relaciones, incentivos y comunicación)• Aplicaciones prácticas en empresas, equipos y sociedad• Cómo construir “playbooks” (reglas del juego) en un mundo acelerado y globalizado• La importancia de la tribu, la escucha y la adaptación en entornos de alta incertidumbreRecursos recomendadosLibros• Complexity: A Guided Tour – Melanie Mitchell (libro central del episodio)• Scale – Geoffrey West• Más allá de los límites del crecimiento – Donella Meadows et al.• Pensar en sistemas – Donella Meadows• Vacas, cerdos, guerras y brujas – Marvin Harris• Moneyball – Michael Lewis (y la película con Brad Pitt)Otros• Framework Cynefin (Snowden) – https://franciscocarcamo.com/modelo-cynefin-framework/• Artículo “Shakespeare en la jungla” – Laura Bohannan https://koralieucm.wordpress.com/wp-content/uploads/2010/09/hamlet-en-la-selva-laura-bohannan.pdf• Conferencias de Geoffrey West (YouTube)Comunidades y enlaces• Comunidad CPS (Complex Problem Solving) – https://www.comunidadcps.es/• Máster en Resolución de Problemas Complejos (CPS) - https://www.unir.net/ciencias-sociales/master-problem-solving/• Generalismo y vision multidisciplinar – https://www.generalismo.comPerfiles• Diana Damas de Diego – Experta en productividad, Storytelling y comunicación. Consultora estratégica en Singular Solving, compatibiliza esta actividad con la asesoría en distintas compañías, la formación. Ingeniera forestal de formación y futura antropóloga de vocación.https://www.linkedin.com/in/diana-damas-de-diego/

  • En 1914, un explorador puso un anuncio en un periódico para reclutar hombres dispuestos a cruzar la Antártida. No prometía gloria inmediata, ni seguridad, ni sueldo generoso. Prometía frío extremo, meses de oscuridad, peligro constante y un regreso dudoso.

    La historia dice que respondieron miles.

    El hombre era Ernest Shackleton, y el barco se llamaba Endurance, un nombre magnífico para una expedición condenada a comprobar que el marketing, cuando se enfrenta al hielo, no siempre conserva su dignidad.

    La idea era cruzar el continente antártico de costa a costa. Una empresa heroica, absurda y muy británica, de esas que empiezan con mapas, bigotes y frases solemnes, y terminan con hombres comiendo grasa de foca mientras reconsideran su relación con el Imperio. Pero el Endurance nunca llegó a cumplir su misión. Quedó atrapado en el hielo del mar de Weddell, fue aplastado lentamente por la presión y acabó hundiéndose. No hubo travesía continental, conquista ni foto final con bandera y pecho hinchado.

    Y, sin embargo, la expedición pasó a la historia como una de las mayores gestas de liderazgo jamás contadas.

    Ese es el giro de guión.

    Shackleton fracasó en su objetivo original de forma absoluta, pero salvó a todos sus hombres. Durante meses, en uno de los lugares más hostiles del planeta, mantuvo vivo al grupo, cruzó hielo, navegó en botes diminutos por mares imposibles y terminó llegando a Georgia del Sur para organizar el rescate. La misión fue un desastre; la gestión del desastre fue una obra maestra.

    Hay historias que nos obsesionan porque terminan bien. Esta nos persigue porque empezó mal y, aun así, produjo grandeza.

    En los mercados ocurre algo parecido. Nos pasamos la vida buscando empresas, sectores y narrativas que cumplan el plan perfecto: crecimiento, márgenes, tipos bajos, demanda infinita, múltiplos generosos y una presentación trimestral con más flechas ascendentes que una tienda de arquería. Pero el mercado rara vez premia solo los planes bonitos. A veces premia a quien sabe sobrevivir cuando el hielo empieza a crujir.

    Y lo más curioso es que el crujido casi nunca llega como un cataclismo teatral. Llega primero como un detalle incómodo. Un coste que sube demasiado rápido. Una financiación que ya no es tan barata. Una acción que no reacciona como debería. Un cliente que empieza a pagar la factura de otro. Una narrativa que sigue siendo cierta, pero empieza a ser menos gratuita.

    Ese es el momento que de verdad importa. No cuando el barco se hunde. Cuando todavía flota, pero alguien atento oye la madera quejarse.

    Esta semana en Actualidad Semanal +D hablamos de ese crujido. De una bolsa que no ha dejado de creer en sus grandes historias, pero que empieza a distinguir entre quien tiene un barco resistente, quien solo tiene una bandera bonita y quien ha confundido hielo con tierra firme.

    No es un episodio sobre catástrofes. Es algo más útil: un episodio sobre resistencia, facturas escondidas y narrativas que descubren que el invierno también sabe hacer due diligence.

    Porque en los mercados, como en la Antártida, el plan impresiona menos que la capacidad de seguir vivo cuando el plan se rompe.

  • Antes de que Neil Armstrong pisara la Luna, la Casa Blanca ya tenía escrito su funeral.

    No era una metáfora, ni una exageración dramática posterior, ni uno de esos detalles que los guionistas inventan para que la historia parezca más redonda. En julio de 1969, mientras medio planeta miraba al cielo convencido de que estaba presenciando la victoria definitiva del ingenio humano, en algún cajón de Washington esperaba un discurso preparado para el caso de que Armstrong y Aldrin no pudieran volver.

    Si el módulo lunar no despegaba, si la operación fallaba, si los dos astronautas quedaban atrapados para siempre en la superficie de la Luna, Nixon tendría que salir en televisión y explicar al mundo que aquellos hombres se habían quedado allí arriba, convertidos en monumento y advertencia al mismo tiempo.

    La historia oficial recuerda el pequeño paso para el hombre. La historia útil, la que sirve para invertir, recuerda el plan B.

    Hay algo profundamente bursátil en esa escena. Los mercados siempre prefieren mirar el despegue: el humo, la épica, la cuenta atrás, la promesa de que esta vez la gravedad ha sido derrotada por una mezcla de genio, acero y relaciones públicas. Nos fascinan los cohetes porque parecen convertir el riesgo en espectáculo, y quizá por eso también nos fascinan ciertas acciones cuando empiezan a hablar el idioma del futuro.

    Pero las carteras no suelen romperse en el momento del despegue. Se rompen después, cuando descubrimos que nadie había leído el discurso alternativo.

    Esta semana en Actualidad Semanal +D hablamos precisamente de eso: de una semana en la que Wall Street volvió a mirar al cielo, pero también al petróleo, a la Reserva Federal, a los chips, a una vieja empresa que parecía amortizada, a una pizza que cambió de dueño y a varias compañías que están descubriendo que el futuro es maravilloso, sí, pero también viene con factura, dilución, deuda y tipos de interés.

    No es un episodio sobre ser optimista o pesimista, porque esa división suele ser más útil para discutir en cenas que para gestionar una cartera. Es un episodio sobre algo bastante más incómodo: cómo distinguir una gran historia de una gran valoración, una promesa legítima de una promesa que ya cotiza como si hubiera cumplido, una empresa que vende las palas de la fiebre del oro de otra que simplemente está cavando con dinero ajeno.

    Los mercados, como la Luna en 1969, siempre ofrecen dos relatos. Uno es el que se televisa: brillante, limpio, irresistible. El otro es el que alguien prudente guarda en un cajón por si la nave no vuelve.

    El episodio de esta semana va del segundo.

  • A las once y cuarenta y dos de la mañana del 6 de mayo de 1937, en un campo de aterrizaje de Lakehurst, Nueva Jersey, el dirigible más grande jamás construido estalló en llamas ante las cámaras de medio mundo. Noventa y siete personas iban a bordo del LZ 129 Hindenburg. Sesenta y dos consiguieron salir con vida de aquel infierno de aluminio, lona e hidrógeno. Las imágenes dieron la vuelta al planeta y, en apenas treinta y cuatro segundos que fue lo que tardó el zepelín en consumirse, se evaporó también la era de los dirigibles de pasajeros.

    Lo que casi nunca se cuenta, sin embargo, es la historia de lo que ocurrió antes de que la primera chispa saltara. El Hindenburg jamás debería haber despegado aquella mañana de Frankfurt. Las tormentas eléctricas llevaban horas merodeando la costa de Nueva Jersey, y tanto el comandante Max Pruss como el capitán Ernst Lehmann, que había hecho la ruta docenas de veces y conocía el Atlántico Norte como quien conoce el pasillo de su casa, tenían informes meteorológicos sobre la mesa que desaconsejaban la maniobra de aproximación. Pero el Hindenburg acumulaba más de doce horas de retraso, un pecado imperdonable para la aeronave insignia del régimen nazi. Los pasajeros esperaban en el hangar desde primera hora. Los periodistas llevaban allí desde antes del amanecer, con sus cámaras de placa y sus libretas recién estrenadas. La narrativa del vuelo triunfal ya estaba impresa en las mentes de todos, noticiarios, periódicos, autoridades portuarias... mucho antes de que el zepelín hubiera rozado siquiera la costa americana.

    Así que despegaron. No fueron las tormentas las que condenaron al Hindenburg, por mucho que el hidrógeno ardiera con una voracidad aterradora. Fue la incapacidad de defraudar a una audiencia que ya había comprado el final feliz antes de que el despegue ocurriera. Fue lo que en alemán se llama Termindruck: esa presión invisible, casi atmosférica, que te obliga a cumplir un plazo incluso cuando cada instinto, cada mapa meteorológico y cada maldita nube en el horizonte te está gritando que esperes un poco más, que no hay prisa, que mañana también amanecerá.

    Esta semana, en Actualidad Semanal +D, hemos dedicado el episodio entero a preguntarnos si los mercados financieros no estarán, precisamente ahora, en una de esas mañanas de junio en las que todo el mundo ha comprado ya el final feliz mientras el barómetro baja en silencio y nadie quiere ser el aguafiestas que señale las nubes. Hemos visto el debut bursátil más grande de la historia, un espectáculo de valoraciones, titulares y fervor popular que tenía que ocurrir porque la narrativa llevaba meses cocinándose y el retraso no era una opción. Hemos visto a gigantes tecnológicos presentar resultados impecables para ser castigados con saña por el mercado, como si la excelencia ya no bastara y hubiera que pedir perdón por el precio del futuro. Y hemos visto, sobre todo, cómo los que venden el cemento (los discretos, los que jamás protagonizan un titular pero facturan sin pausa cada vez que un visionario anuncia una catedral de silicio) siguen ganando dinero como si hubieran encontrado un impuesto privado sobre la ambición humana.

    No voy a reventar el episodio adelantando sus conclusiones, porque los spoilers son una falta de respeto y porque la gracia está en el viaje, no en la estación de destino. Solo diré que en el programa de esta semana conviven, en extraña armonía, un cohete que vale más que el PIB de Suiza, un trillonario que no puede tocar su fortuna hasta el verano que viene, dos directivos que abandonan un barco en plena tormenta, una sopa centenaria que acaba de ser expulsada del S&P 500 por carecer de glamour algorítmico, y una pregunta que planea sobre cada sección como un zepelín silencioso: si todo el mundo está convencido de que esta vez es diferente, si el consenso es unánime y el fervor popular roza lo religioso, ¿hay alguien en la cabina de mando mirando el barómetro?

    Escúchalo. Luego hablamos, que de eso se trata.

    Disponible en todas las mejores plataformas.

  • En septiembre de 1983, en plena Guerra Fría, Stanislav Petrov estaba de guardia en un centro de mando soviético cuando el sistema de alerta temprana informó de que Estados Unidos había lanzado varios misiles nucleares contra la Unión Soviética.

    La escena tenía todos los ingredientes para producir una catástrofe: una pantalla convencida de tener razón, un protocolo diseñado para acelerar la respuesta y muy pocos minutos para decidir si aquello era el principio de un ataque real o el error más peligroso de la historia.

    Petrov no sabía que el sistema estaba equivocado. Tampoco tenía una prueba definitiva que le permitiera ignorarlo con tranquilidad. Lo único que tenía era una sospecha razonable: si Estados Unidos hubiera querido iniciar una guerra nuclear, resultaba extraño que lo hiciera lanzando tan pocos misiles. Aquella señal podía ser correcta, pero la historia que parecía contar no terminaba de encajar.

    Así que esperó.

    El sistema había fallado.

    La lección más útil de aquella noche no es que debamos desconfiar siempre de las máquinas ni que la intuición sea una forma superior de inteligencia. Es algo bastante más incómodo: incluso una señal real puede empujarnos hacia una conclusión equivocada cuando la interpretamos deprisa, bajo presión y dentro de una narrativa que parece demasiado convincente como para cuestionarla.

    Eso ocurre con frecuencia en los mercados. Una cifra mejora y todos ven una oportunidad. Una empresa presenta resultados excelentes y, sin embargo, cae porque el mercado esperaba algo todavía más extraordinario. Un directivo pronuncia una frase ambiciosa y, durante unas horas, parece haber cambiado el valor de medio sector. La señal existe, pero su significado no siempre es el que aparenta.

    Esta semana ha estado llena de episodios así: compañías que han sido premiadas por lo que podrían llegar a ser, otras castigadas por no superar una expectativa casi imposible y movimientos que parecen perfectamente racionales hasta que uno se toma la molestia de observarlos con un poco de distancia.

    En el nuevo episodio de Actualidad Semanal +D no intentamos adivinar qué acción subirá mañana. Intentamos responder a una pregunta mucho más útil: cuándo estamos ante una señal importante y cuándo, simplemente, ante una alarma capaz de secuestrar nuestra atención.

  • En uno de los momentos de más transformación en el mundo del Private Equity, vamos a tener una conversación con Francisco Duato, socio de ONEtoONE Corporate Finance, empresa dedicada al M&A.

    Francisco es asimismo profesor de finanzas en ESIC Business & Marketing School en los programas Executive MBA y Master en Dirección Financiera.

    Una oportunidad de lo más interesante para conocer qué está pasando y cómo se vive de cerca.

  • Hay un señor enterrado en Nueva York que en 1907 se pegó un tiro con dos millones y medio de dólares en el banco, lo cual ya nos dice algo bastante incómodo sobre cómo funcionan los mercados de verdad.
    Y lo que de verdad me obsesiona de esta historia no es cómo murió él, sino lo que les pasó después a los que creyeron haberse salvado.

    El hombre se llamaba Charles Barney, presidía el tercer mayor banco fiduciario de Estados Unidos, cenaba habitualmente con los Rockefeller y tenía ese tipo de respetabilidad que en aquella época solo se construía después de tres décadas comportándose como si uno fuese a vivir trescientos años. Y aun así, un buen día empezó a circular el rumor, ni siquiera del todo falso pero tampoco del todo cierto, de que el Knickerbocker Trust estaba expuesto a una operación fallida en el mercado del cobre, y eso, que en cualquier otro mes del año habría sido motivo de una conversación discreta en algún club de Manhattan, en aquellas semanas concretas, con la confianza pública ya algo erosionada, se convirtió en un detonante. Bastó con que aparecieran las primeras colas frente a las oficinas para que el rumor dejara de ser rumor y empezara a comportarse como una profecía cumpliéndose en tiempo real, porque, como bien sabe cualquiera que haya pisado un mercado lo suficiente, ningún banco del mundo, en ninguna época, ha estado nunca diseñado para devolverle el dinero a todos sus clientes a la vez, y eso vale tanto para 1907 como para mañana por la mañana.

    En tres horas, los depositantes retiraron ocho millones de dólares, una cifra que en términos de la época equivale a abrirle una arteria a una institución que llevaba décadas pareciendo inmortal, y el Knickerbocker, que era perfectamente solvente y tenía los activos para demostrarlo, tuvo que suspender pagos al día siguiente, no porque le faltase capital, sino porque le faltó lo único que un banco no puede permitirse perder ni un solo viernes por la tarde, que es el beneficio de la duda. Aquella misma noche, un J.P. Morgan ya mayor, ya bastante cansado y, sospecho, bastante harto de salvar al país de sí mismo por enésima vez, encerró a los banqueros más poderosos de Wall Street en su biblioteca privada y, según cuentan los testigos, guardó la llave en el bolsillo para asegurarse de que nadie saliera de allí hasta haber puesto dinero propio sobre la mesa, lo cual probablemente sea la última vez en la historia moderna en que el sistema financiero se salvó gracias a la pura testarudez de un solo hombre con suficiente fortuna y suficiente mala leche como para imponer su criterio a todos los demás. Pero a Barney, claro, todo eso ya le daba igual, porque para entonces llevaba demasiadas horas convencido, equivocadamente, de que estaba arruinado, lo cual es probablemente la mejor definición de tragedia financiera que se ha escrito jamás: morir creyéndose pobre sin haberlo sido.

    Y aquí viene la parte que casi nadie cuenta, que es la que me lleva años dando vueltas en la cabeza, y la única razón por la que vuelvo una y otra vez a esta historia cuando hablo con gente que invierte. Muchos de los depositantes que sí lograron sacar su dinero a tiempo del Knickerbocker, en su prisa absolutamente comprensible por ponerse a salvo, lo trasladaron en cuestión de días a entidades que, en aquellas mismas semanas, eran objetivamente peores que el banco del que estaban huyendo, y terminaron perdiéndolo igual, o peor, semanas y meses después, en quiebras menos célebres, menos novelables y mucho más definitivas. Es decir, huyeron del riesgo imaginario y corrieron, sin saberlo, directamente hacia el riesgo real, que es probablemente el resumen más honesto, más cruel y más exacto que se ha escrito nunca sobre el comportamiento del inversor medio en cualquier momento de tensión, sea 1907, sea 2008, sea esta misma semana.

    Y todo esto, que parece una historia vieja, una de esas anécdotas victorianas que se cuentan en clase de historia económica para amenizar la tarde antes del café, es exactamente lo mismo que sigue ocurriendo todas las semanas en los mercados modernos, solo que ahora va vestido con mejor ropa, con mejores presentaciones, con tipografía más limpia y con una cantidad ligeramente obscena de gente diciendo en redes sociales que esta vez sí, que esta vez lo tienen claro, que esta vez la dirección correcta es evidente. Y sigue pasando cuando una empresa se desploma porque alguien interpretó mal una guía. Y sigue pasando cuando un sector entero se dispara porque media industria descubre, con tres años de retraso, lo que ya era razonablemente obvio. Y sigue pasando, sobre todo, cuando aparece un banco central nuevo decidiendo, con esa naturalidad casi inocente que dan los primeros meses en el cargo, que ciertos datos incómodos no merecen tanta atención como les estábamos prestando.

    Esta semana ha vuelto a pasar. Y ha pasado, además, con un estilo francamente notable, en varios frentes a la vez, con personajes muy reconocibles, con cifras lo bastante grandes como para hacer dudar a cualquiera y con un par de movimientos en bolsa que merecen, como mínimo, un minuto de reflexión a solas antes de tomar cualquier decisión la semana que viene. No voy a adelantar aquí ni las empresas ni el desenlace de cada cosa, entre otras razones porque la mitad de la gracia está justamente en escuchar cómo encajan unas historias con otras y descubrir, por el camino, cuál de los protagonistas de esta semana es, en realidad, el Charles Barney moderno sin saberlo todavía.

    Lo cuento todo, con nombres, apellidos, números y un poco de mala leche bien medida, en el nuevo episodio de Actualidad Semanal +D, que para mí es la única forma honesta que he encontrado de hablar de mercados sin caer ni en el sermón ni en el panfleto.

    Y dejo una única idea, por si sirve de algo cuando llegue la próxima semana y, como siempre, todos empiecen a correr en la misma dirección al mismo tiempo: antes de moverse, acordaos de Barney, y preguntaos, con la mayor sinceridad de la que seáis capaz, si estáis huyendo del peligro real o simplemente del peligro que alguien acaba de contaros.

  • En 1898, un escritor fracasado llamado Morgan Robertson publicó una novela sobre el barco más grande jamás construido, al que llamó Titán. Lo describió como insumergible. En sus páginas, el Titán zarpaba una noche de abril con muy pocos botes salvavidas, chocaba contra un iceberg en el Atlántico Norte y se hundía. Catorce años después, un barco real llamado Titanic replicó punto por punto la ficción de Robertson: las mismas dimensiones, la misma ruta, el mismo mes, la misma arrogancia. El novelista no predijo el futuro, simplemente conectó los puntos que nadie más había querido mirar.

    El viernes pasado, mientras el S&P 500 cerraba su octava semana consecutiva al alza (la racha más larga desde 202e), un analista retirado llamado Walter Deemer compartió una historia que llevaba décadas guardada y que es digna de Iker Jiménez. En 1964 una empresa llamada National Video fabricó el primer tubo de rayos catódicos rectangular de veintitrés pulgadas. Se convirtió en el estándar absoluto de la industria. Todo el mundo, desde Motorola hasta Zenith, necesitaba sus tubos. La acción pasó de quince a ciento veinte dólares en menos de un año. Luego sus propios clientes aprendieron a fabricar lo que antes le compraban. En 1966 la acción cayó a cuarenta, en 1967 a quince y en 1968 National Video quebró. Su ticker en bolsa era NVD.A. Apenas un par de letras de diferencia con otro NVD.A que esta misma semana presentó los resultados más esperados del planeta, batió todas las estimaciones, anunció la mayor recompra de acciones de su historia, subió el dividendo un dos mil cuatrocientos por ciento… y vio cómo el mercado bostezaba.

    En el nuevo episodio de Actualidad Semanal +D no te leo titulares, que de esos ya vas sobrado. Te cuento por qué la empresa más valiosa del mundo ha dejado de emocionar a nadie exactamente cuando sus números son más obscenos que nunca. Te cuento la fusión eléctrica de sesenta y seis mil millones de dólares que confirma que la inteligencia artificial no es una burbuja, sino un apagón programado que va a devorar más electricidad de la que nadie había calculado. Te cuento cómo el gobierno de Estados Unidos acaba de comprar participaciones en empresas de ordenadores cuánticos, que es poco menos que apostar a un caballo que todavía no ha nacido pero que, si gana el Derby, cambia las reglas de la física. Y te cuento la historia de los ochocientos millones de dólares en futuros de petróleo que alguien movió minutos antes de que el presidente de Estados Unidos anunciara por sus redes sociales que cancelaba un ataque militar contra Irán, porque tres líderes de Oriente Medio se lo habían pedido por favor.

    No voy a revelarte las conclusiones. Lo interesante no es lo que pasó, eso lo tienes en quinientos portales antes de terminar el café, sino el hilo invisible que conecta una empresa de tubos de televisión que quebró en 1968 con la compañía más valiosa del planeta, una guerra que no termina de estallar, un mercado que no termina de caer y un inversor que, como tú, intenta distinguir la señal del ruido una semana más.

    Actualidad Semanal +D. Porque entender los mercados nunca fue cuestión de tener más información, sino de tener mejor perspectiva.

  • En esta conversación exploramos, junto a Alex Sanz Vicente, el mundo del branding, la percepción de marca y cómo las interacciones diarias influyen en la construcción de la identidad de una marca. Desde conceptos básicos hasta estrategias avanzadas, descubren cómo influir en la percepción y gestionar la reputación en un entorno digital y social en constante cambio. En esta conversación profunda, exploramos cómo las marcas y comunidades pueden construir autenticidad, confianza y pertenencia en un mundo digital en constante cambio. Desde ejemplos concretos como Nike o Liquid Death hasta la importancia de la última milla en marca personal, profundizamos en estrategias para conectar genuinamente con audiencias e, incluso, fortalecer la identidad nacional.


    "Saber es perdonar"

    "Lo que no sabes puede ser tu mayor limitación"


    Palabras clave

    branding, percepción de marca, comunicación, identidad, estrategia, marketing, redes sociales, influencia, cultura, comunidad marca personal, comunidad, Liquid Death, última milla, marca país, comunicación auténtica, redes sociales, confianza, identidad, liderazgo


    Temas centrales

    Definición de marca y percepción

    El papel de la comunicación y la identidad

    Estrategias para influir en la percepción pública

    La importancia de la coherencia y la autenticidad

    El impacto de las interacciones diarias en la reputación: El ejemplo de Liquid Death y su estrategia de marca

    La importancia de la comunidad genuina y creíble

    La dificultad y valor de construir una marca país

    El concepto de la última milla en marca personal y autoridad

    La complejidad de la comunicación en la era digital



    Minutaje:

    00:00 Introducción al Branding y la Identidad

    03:03 Percepción y Construcción de Marca

    06:05 La Identidad en el Entorno Empresarial

    08:58 La Honestidad en las Interacciones

    12:10 El Impacto del Libro de Carnegie

    14:59 La Comunicación en la Era Digital

    17:53 Datos y Estrategias de Marketing

    21:14 Conclusiones sobre Marca y Autenticidad

    24:14 La Importancia de los Datos en las Empresas

    27:25 Estrategias de Comunicación y el Cliente Ideal

    30:25 Limitaciones y Oportunidades en el Marketing

    33:33 La Reacción en la Estrategia de Marca

    36:19 Entendiendo las Limitaciones y la Política en las Marcas

    41:46 La Conversación como Clave en la Marca

    49:25 Estrategias de Marca en Mercados Competitivos

    52:21 La Importancia de la Adaptación y la Persistencia

    53:56 Construyendo Comunidades de Marca

    01:00:03 La Última Milla en la Comunicación

    01:07:39 Limitaciones y Oportunidades en el Marketing Personal

    01:12:51 Definiendo la Marca España

    01:15:05 La Complejidad de la Conversación

    01:17:08 La Importancia de la Escucha Activa

    01:20:16 Construyendo Comunidad y Marca

    01:23:33 El Futuro de la Identidad Española

    01:26:01 Desafíos y Reflexiones sobre España



    Recursos

    Libros:

    Dale Carnegie - Cómo ganar amigos e influir sobre las personas - https://www.amazon.es/ganar-amigos-influir-personas-Deusto/dp/8423440028?tag=masdivi-21

    Chris Voss – Rompe la barrera del no - https://www.amazon.es/Rompe-barrera-del-principios-negociar/dp/8416029741?tag=masdivi-21

    Antifrágil de Nassim Taleb - https://www.amazon.es/Antifr%C3%A1gil-cosas-benefician-desorden-Contextos/dp/844934185X?tag=masdivi-21

    2666 de Roberto Bolaño - https://www.amazon.es/2666-CONTEMPORANEA-Roberto-Bola%C3%B1o/dp/8466337121?tag=masdivi-21

    Fundación de Isaac Asimov - https://www.amazon.es/Estuche-fundaci%C3%B3n-contiene-Fundaci%C3%B3n-Imperio/dp/8466389245?tag=masdivi-21


    Podcasts:

    La Ingobernable - https://www.laringobernable.com

    Episodio Kapital (Joan Tubau) con Luis Bassat - https://open.spotify.com/episode/5kYnzbBGWt8A6KHlxq51oQ?si=W1WanY-EQV-S67AZnVrEmA

    Ilustres pucelanos con Alex Sanz Vicente - https://www.youtube.com/watch?v=RHpNav2CabY


    Documentales:
    Abstract: El arte del diseño https://www.netflix.com/es/title/80057883

    La industria de los expertos: https://www.rtve.es/play/videos/documentos-tv/documentos-tv-industria-expertos-comienzo/1753156/


    Webs:

    Microbio Comunicación: https://www.microbio.tv/

    Generalismo: https://www.generalismo.com

    Comunidad CPS: https://www.comunidadcps.es/

    El mejor románico del MUNDO: https://www.diputaciondepalencia.es/sitio/turismo/rutas-culturales/rutas-romanico


    Perfiles Invitado:

    Twitter - https://twitter.com/alexsanzvicente

    LinkedIn – https://www.linkedin.com/in/alex-sanz-vicente/


    Otros:

    Javier Recuenco https://x.com/Recuenco

    Guillermo de Haro https://x.com/deharoguillermo

    Joan Tubau https://x.com/joantubau

  • En 1973, Maurice y Maralyn Bailey vendieron su casa, compraron un velero de nueve metros al que llamaron Auralyn —un juego de palabras con sus nombres que revela la clase de amor cursi y formidable que se tenían—, y zarparon de Southampton rumbo a Nueva Zelanda. Era el sueño de una vida: jubilarse anticipadamente, navegar los océanos, vivir sin reloj.

    El 4 de marzo, al amanecer, una ballena embistió el casco.

    No fue un roce. No fue un aviso. El animal, probablemente un cachalote, aunque nunca lo sabrán con certeza, abrió un boquete en el barco que lo mandó al fondo del Pacífico en menos de una hora. Maurice y Maralyn apenas tuvieron tiempo de inflar la balsa salvavidas y arrojar dentro lo que pudieron: algo de comida, una brújula, un kit de emergencia sin espejo de señales (detalle que luego se convertiría en una tortura) y poca cosa más.

    Estaban a mil quinientos kilómetros de la costa más cercana. En un bote de goma, sin motor y sin forma de comunicarse.

    Y entonces empezó lo que debería haber sido una sentencia de muerte y se convirtió en uno de los ejercicios de resistencia psicológica más extraordinarios del siglo XX. Ciento dieciocho días. Cuatro meses enteros sin ver tierra. Sin ver un solo ser humano que no fuera el otro.

    Comieron tortugas crudas, pescaron con anzuelos improvisados a partir de imperdibles. Bebieron agua de lluvia recogida en lonas. Vieron pasar siete barcos a lo lejos, y en todas las ocasiones sus bengalas fallaron o nadie miró hacia donde estaban. La balsa se desinflaba constantemente y tenían que hincharla a pulmón, ya desnutridos y cubiertos de llagas por la constante humedad. Los tiburones merodeaban, las tormentas los zarandeaban y, en medio de todo aquello, jugaban a las cartas. Leían. Se turnaban para mantener la cordura del otro cuando uno de los dos empezaba a quebrarse.

    Cuando un pesquero coreano los rescató, el 30 de junio, habían perdido dieciocho kilos cada uno. Apenas podían sostenerse en pie. Pero estaban vivos.

    ¿Sabéis qué hicieron al año siguiente? Compraron otro barco, lo llamaron Auralyn II, y volvieron a hacerse a la mar. Porque hay personas que entienden algo que el resto no entendemos: que lo importante no es evitar la tormenta, sino saber qué haces cuando las olas te están golpeando la cara.

    El mercado lleva semanas ¿o tal vez meses? haciendo algo parecido a lo de los Bailey. Los índices americanos encadenan siete semanas al alza encaramados a máximos históricos, pero el número de empresas que tocan mínimos de 52 semanas superó esta semana al número de empresas que tocan máximos. Hay más de un agujero en el casco: una inflación al 3,8%, una guerra en Oriente Medio que no se resuelve, un nuevo presidente de la Fed que acaba de aterrizar en el cargo..., pero la gran pregunta no es si va a entrar el agua.

    La gran pregunta es qué demonios haces ahora. A quién miras. En qué confías. Cuánto aguantas.

    En el episodio de esta semana de Actualidad Semanal +D hablamos de un IPO que abrió a 350 dólares cuando el precio de partida era 185. Hablamos de un fabricante de coches que subió un 21% en dos días no porque venda más coches, sino porque alguien dijo que quizá podría vender baterías a centros de datos. Hablamos de un sector entero, la antigua niña bonita, el software, que está siendo castigado como si tuviera la peste mientras otro, los semiconductores, flota en una nube de euforia que empieza a recordar peligrosamente a 1999. Hablamos de cuándo la paciencia deja de ser virtud y se convierte en terquedad, y de cómo distinguir una tormenta pasajera de un naufragio.

    No prometo respuestas. Pero sí la conversación más entretenida sobre finanzas que vas a escuchar esta semana.

    Actualidad Semanal +D — búscalo donde escuches tus podcasts.

  • La historia de Clarence Saunders es de esas que te enseñan más sobre bolsa que un MBA entero.

    Saunders era un tipo de Tennessee que, en 1916, tuvo una idea tan simple que nadie la había tenido antes: ¿y si en lugar de que el tendero te trajera las cosas, las cogías tú mismo de las estanterías? Así nació Piggly Wiggly, el primer supermercado de la historia. Un nombre ridículo para una revolución absoluta.

    En 1923, Saunders era rico, lo que se dice muy rico. Pero un día se enteró de que varios fondos de Wall Street estaban apostando contra su criatura. Cortos masivos contra Piggly Wiggly. Y Saunders no era de los que se quedan mirando.

    Así que hizo lo impensable: empezó a comprar. Sin parar. Llegó a acumular el 99% de todas las acciones de su propia empresa. El precio se fue de 39 a 60 dólares en semanas. Los bajistas estaban atrapados: tenían que devolver unas acciones que literalmente solo tenía él. Era el short squeeze perfecto, el golpe definitivo de David contra Goliat.

    Y entonces pasó lo que nadie esperaba. La Bolsa de Nueva York, que hasta ese momento nunca había intervenido así, paró la cotización. Les dio a los cortos cinco días de prórroga. Cinco días para deshacer posiciones que, en condiciones normales, les habrían reventado.

    Saunders perdió todo. La empresa, la fortuna, el imperio... Los tiburones ganaron cuando la Bolsa decidió quién merecía protección y quién no.

    Te cuento esto porque esta semana ha pasado algo que me ha recordado mucho a Clarence Saunders.

    En el nuevo episodio de Actualidad Semanal +D lo contamos todo, con nombres, cifras y el contexto que los titulares nunca te dan. Sin solemnidad, sin gráficos que parecen jeroglíficos, sólo buena conversación para entender qué demonios está pasando en los mercados; y por qué debería importarte.

    Búscalo en tu aplicación de podcasts. Dura lo que un café largo y un croissant. El mercado no se toma vacaciones y nosotros tampoco.

  • En 1899, Charles H. Dow era el editor más influyente de Wall Street y, sin embargo, jamás comerció con una sola acción. Su poder no emanaba del dinero, sino de algo mucho más escaso: la capacidad de observar lo que todos estaban mirando y ver algo que nadie más había visto.

    Un día de verano, Dow garabateó una idea extravagante en su columna. Propuso que, si tomabas el precio de las principales acciones ferroviarias —el sector tecnológico de su época— y las empresas manufactureras, podías detectar el instante preciso en que el mercado cambiaba de rumbo. Lo llamó “la teoría de las dos medias”. Cuando ambas se movían juntas, la tendencia era sólida. Cuando una divergía, algo se estaba rompiendo en silencio.

    Sus colegas se rieron. Demasiado abstracto, demasiado teórico, demasiado intelectual para un negocio que se suponía iba de gritar órdenes en un parqué y sudar por la camisa.

    Lo que Dow había intuido, y sus contemporáneos tardaron décadas en comprender, es que el mercado nunca miente, pero tampoco habla claro, susurra. Y para escucharlo, no basta con estar atento: hay que saber qué ignorar, dónde mirar y, sobre todo, qué preguntas hacer.

    Eso es exactamente lo que sucedió esta semana en Wall Street.

    Imagina por un momento que organizas una cena y sientas en la misma mesa a cinco de las empresas más valiosas del planeta, a la Reserva Federal, a Donald Trump, a los Emiratos Árabes Unidos, y a una aerolínea moribunda. Imagina que, al final de la velada, las acciones de Google suben un 10%, las de Meta se hunden un 8%, cuatro miembros de la Fed votan en contra de su propio presidente (algo que no ocurría desde 1992), y un país abandona la OPEP en directo.

    Caos, sí. Pero también patrón. El mismo patrón que Dow habría detectado con su teoría de las dos medias: mientras unos índices marcan récords históricos, otros sectores se desangran sin hacer ruido. La divergencia está servida, y la pregunta no es si esto es una burbuja. La pregunta es mucho más interesante.

    En el nuevo episodio de Actualidad Semanal +D no vamos a leerte los titulares, esos ya los veis en TikTok. Vamos a hacer lo que Charles Dow haría si estuviera vivo: observar lo que todos los demás han estado mirando y contarte lo que nadie más ha visto.

    No revelaré aquí qué empresa está financiando el crecimiento del PIB americano con dinero que aún no ha generado beneficios. Ni qué CEO acaba de justificar despidos masivos diciendo que los humanos y la inteligencia artificial compiten por el mismo presupuesto. Ni qué fabricante de memoria está subiendo un 3.300% en doce meses mientras los analistas se preguntan si el cielo tiene límite. Y desde luego, no contaré por qué un alto directivo acaba de destruir un contrato millonario por hablar de más en una entrevista.

    Pero sí te diré una cosa: el mercado nunca miente. Y esta semana ha susurrado algo que muy pocos están escuchando.

  • En 1997, un periodista le preguntó al CEO más temido de Silicon Valley cuál era la mayor amenaza para su empresa. No mencionó a la competencia, ni a los márgenes, ni a los japoneses.

    Dijo una sola palabra. Y esa palabra explica todo lo que ha pasado esta semana en los mercados.

    Intel subió un 24% en un solo día, su mayor salto desde 1987. Una aerolínea en bancarrota subió un 160% porque alguien en Washington decidió que merecía vivir. Tim Cook se despidió de Apple después de quince años y el mercado respondió con un bostezo lo que resulta ser la mayor señal de respeto que Wall Street puede ofrecer. ServiceNow cayó un 13% por un cuarto de punto de margen. Una cadena de sándwiches quiere salir a bolsa valorada en 12.000 millones de dólares. Y los seis mayores bancos de EEUU recortaron 15.000 empleos mientras sus beneficios subían un 18%.

    Las empresas que fabrican cosas suben. Las que escriben código bajan. El Philadelphia Semiconductor Index encadena 18 sesiones consecutivas de ganancias. Y Goldman Sachs avisa de que solo el 5% de las acciones del Russell 3000 cotizan en máximos de 52 semanas. El rally más estrecho en años.

    Ese CEO era Andy Grove. La palabra era complacencia. Y también dijo otra cosa que nadie cita tanto: "Solo los paranoicos sobreviven."

    Esta semana, el mercado parece haber olvidado la paranoia por completo. ¿Valentía o temeridad?

    Lo abrimos todo en el episodio de esta semana.

    Divulgación, no recomendación de inversión.

  • En esta entrevista, Jon Ander Carcedo comparte sus perspectivas sobre ventas, marketing y procesos comerciales, destacando la importancia de la ejecución, la especialización y la confianza en el proceso. Además, analiza las diferencias entre ventas B2B y B2C, y cómo la psicología y la disciplina influyen en el éxito en ventas. El resultado es una masterclass de más de una hora que desmitifica el temido tema de "las ventas".

    Contenidos:

    00:00 Introducción a las Ventas y el Libro Clave
    02:33 La Venta como Proceso Estructurado
    05:58 Experiencias Internacionales y Aprendizajes
    08:58 Diferenciación entre Inbound y Outbound
    12:01 La Venta Consultiva vs. Venta Tradicional
    14:37 El Perfil del Cliente Ideal (ICP) y su Importancia
    28:02 Validación de Interés y Compra
    30:45 El Poder de los Verdaderos Fans
    34:39 La Percepción del Valor en Ventas
    36:41 La Importancia del Problema que Solucionas
    39:40 Diferencias entre Ventas B2B y B2C
    44:58 Lidiando con la Incertidumbre del Cliente
    49:05 El Proceso de Ventas Consultivo
    52:26 División del Trabajo en Ventas
    53:30 La Especialización en Ventas
    55:51 Definición de Oportunidades de Venta
    01:00:43 La Importancia de la División del Trabajo
    01:05:24 La Ejecución del Proceso de Ventas
    01:08:02 Disciplinas que Mejoran las Ventas
    01:15:21 Cierre y Reflexiones Finales

    Recursos:

    Sales Scaling - https://salescaling.com
    SalesDose - https://salesdose.io
    Malditas Ventas Podcast - https://malditasventas.com
    Libro 'Cómo ganar amigos e influir sobre las personas' de Dale Carnegie -
    Amazon: https://www.amazon.com/-/es/influir-personas-Friends-Influence-Spanish/dp/164473009X?tag=masdivi-21
    Librerías: https://www.todostuslibros.com/busquedas?titulo=C%C3%B3mo+ganar+amigos+e+influir+sobre+las+personas%27
    Libro "Predictable revenue" de Aaron Ross
    Amazon: https://www.amazon.com/-/es/Predictable-Revenue-Business-Practices-Salesforce-com/dp/0984380248?tag=masdivi-21
    Librerías: https://www.todostuslibros.com/libros/predictable-revenue_978-0-9843802-1-3
    LinkedIn de Jon Ander Carcedo - https://www.linkedin.com/in/jon-carcedo/
    Web del generalismo de Edu: https://generalismo.com

  • En 1956, un camionero de Carolina del Norte llamado Malcom McLean tuvo una idea que parecía absurda: meter la carga de un camión dentro de una caja de metal y subirla directamente a un barco. Sin desembalar nada. Sin estibadores tocando la mercancía. Solo una caja.

    Los sindicatos portuarios se rieron, los armadores lo ignoraron y los expertos en logística dijeron que era una simplificación ridícula de un problema complejo.

    McLean compró un viejo petrolero de la Segunda Guerra Mundial, le soldó una plataforma en cubierta y cargó cincuenta y ocho cajas metálicas en el puerto de Newark. El barco zarpó hacia Houston sin que nadie le prestara demasiada atención.

    Veinte años después, el contenedor de transporte marítimo había destruido y reconstruido la economía global. Puertos enteros quedaron obsoletos de la noche a la mañana. Ciudades que llevaban siglos viviendo del comercio marítimo se convirtieron en fantasmas. Y otras que nadie había mirado dos veces, véaise Singapur, Shenzhen o Dubái, se transformaron en las arterias del mundo moderno.

    Todo porque un camionero miró un barco y pensó: esto se puede hacer de otra forma.

    Lo fascinante de esta historia no es la caja. Es lo que nadie vio venir después, pues el contenedor no cambió solo el transporte. Cambió qué era rentable fabricar, dónde tenía sentido hacerlo, quién ganaba y quién perdía. Cambió la geografía del poder económico y lo hizo de una forma que ni el propio McLean podía haber imaginado.

    La lección es siempre la misma: los grandes cambios no avisan. No vienen con un cartel que dice "esto va a transformar el mundo". Vienen disfrazados de cosas que parecen pequeñas, técnicas, aburridas incluso: un estrecho que se cierra; un precio que no es lo que parece; una empresa que cambia de nombre; un fundador que se va.

    Y de repente, cuando miras el conjunto, el mapa ha cambiado por completo.

    Esta semana ha pasado algo así en los mercados. Varias cosas que parecían inconexas, algunas aparentemente buenas, otras claramente absurdas, y una que nadie sabe muy bien cómo interpreta, se han combinado para dibujar un panorama que exige atención. No porque el cielo se esté cayendo ni porque todo vaya estupendamente, sino porque la distancia entre lo que el mercado celebra y lo que la realidad dice se ha vuelto lo bastante grande como para que merezca la pena entenderlo.

    De eso va el episodio de esta semana de Actualidad Semanal +D. De lo que se ve y lo que no., de lo que cuesta el petróleo de verdad frente a lo que dice tu pantalla., de por qué Wall Street bate récords mientras los consumidores están más pesimistas que nunca, y de una zapatilla de lana que, creedme, tiene más que ver con vuestra cartera de inversión de lo que pensáis.

    Lo tenéis disponible ya en todas las plataformas. Escuchadlo, si queréis compartirlo, os lo agradecemos, y por último decidme si no estáis de acuerdo en que el mapa ha cambiado.

  • Notas del episodio — Vida 3.0 y la inteligencia artificial

    Tema central
    En esta sesión del club de lectura exploramos Vida 3.0 de Max Tegmark, un ensayo sobre la evolución de la vida y el impacto potencial de la inteligencia artificial.
    El debate gira en torno a:
    * Qué entendemos por inteligencia
    * La posibilidad de una AGI (inteligencia general artificial)
    * El ritmo de avance vs. capacidad de gobernanza
    * Escenarios futuros: utopía, distopía… o algo intermedio

    Recursos
    1. Vida 3.0
    * Autor: Max Tegmark
    * Idea clave: evolución de la vida en tres fases (biológica, cultural y tecnológica)
    Comprar:
    * Amazon: https://www.amazon.es/Vida-3-0-Historia-Max-Tegmark/dp/8430619623?tag=masdivi-21
    * TodosTusLibros: https://www.todostuslibros.com/libros/vida-3-0_978-84-306-1962-7
    * Foro: https://foro.masdividendos.com/t/club-del-libro-d-xvii-vida-3-0-que-significa-ser-humano-en-la-era-de-la-inteligencia-artificial-de-max-termak/22843

    2. Superinteligencia
    * Autor: Nick Bostrom
    * Enfoque: análisis más riguroso y académico sobre riesgos de la IA
    Comprar:
    * Amazon: https://www.amazon.es/Superinteligencia-peligros-estrategias-Nick-Bostrom/dp/8416511055?tag=masdivi-21
    * TodosTusLibros: https://www.todostuslibros.com/libros/superinteligencia_978-84-16511-05-1

    3. “If Anyone Builds It, Everyone Dies”
    * Autor: Eliezer Yudkowsky
    * Enfoque: visión radicalmente pesimista sobre la IA
    Comprar / referencia:
    * Amazon (ensayo / recopilaciones):
    https://www.amazon.es/Anyone-Builds-Everyone-Dies-Superhuman/dp/0316595640?tag=masdivi-21
    * TodosTusLibros:
    https://www.todostuslibros.com/libros/if-anyone-builds-it-everyone-dies_978-1-84792-893-1

    4. Artificial Intelligence: A Modern Approach
    * Autores: Stuart Russell y Peter Norvig
    * El “libro canónico” técnico sobre IA
    Comprar:
    * Amazon: https://www.amazon.es/Inteligencia-artificial-enfoque-Stuart-Russell/dp/842054003X?tag=masdivi-21

    5. Poder y Progreso
    * Autores: Daron Acemoglu y Simon Johnson
    * Idea clave: la tecnología históricamente concentra poder si no se regula
    Comprar:
    * Amazon: https://www.amazon.es/dp/8423436373?tag=masdivi-21
    * TodosTusLibros: https://www.todostuslibros.com/libros/poder-y-progreso_978-84-234-3637-8
    * Foro: https://foro.masdividendos.com/t/club-del-libro-d-xv-power-and-progress-poder-y-progreso-de-acemoglu-y-johnson/21253

    Ideas clave del debate
    1. Las “tres vidas” de Tegmark
    * Vida 1.0 → evolución biológica
    * Vida 2.0 → evolución cultural
    * Vida 3.0 → evolución tecnológica (hardware + software modificables)

    2. ¿Qué es inteligencia?
    * No hay consenso claro
    * Puede ser:
    * Capacidad de procesar información
    * Adaptación al entorno
    * “Leer entre líneas” (interpretación contextual)
    * Debate abierto:
    * ¿Importa si la IA es inteligente o solo si lo parece?

    3. Optimismo vs pesimismo
    * Tegmark → “optimismo consciente”
    * Yudkowsky → riesgo existencial inmediato
    * Postura intermedia del grupo:
    * El futuro puede ser positivo
    * Pero la transición (el soft landing) es incierta

    4. IA como acelerador radical
    * Reducción brutal de costes de producción intelectual
    * Democratización de habilidades
    * Riesgo: obsolescencia acelerada (coste hundido)

    5. Gobernanza: el gran problema
    * Dificultad de coordinación global
    * Paralelismo con:
    * carrera armamentística
    * regulación nuclear
    * Debate:
    * ¿Se puede controlar la IA?
    * ¿O solo mitigar sus efectos?

    6. Inteligencia vs cálculo
    Idea potente del debate:
    Quizá la IA no “piensa”… pero tampoco está claro que nosotros lo hagamos tanto como creemos.

    Preguntas abiertas para el oyente
    * ¿La inteligencia es una propiedad o una ilusión emergente?
    * ¿Preferimos una IA útil o una IA “consciente”?
    * ¿Estamos ante una revolución comparable al Big Bang?
    * ¿Quién debería controlar esta tecnología?

  • En 1907, un hombre de setenta años encerró con llave a los banqueros más poderosos de América en su biblioteca privada de Manhattan. No los dejó salir hasta las cuatro de la madrugada, cuando todos firmaron un acuerdo que salvó la economía de los Estados Unidos.

    Ese hombre era J.P. Morgan. No existía la Reserva Federal, no había red de seguridad, no había plan B. Solo un anciano con una nariz enorme, un puro entre los dedos y la convicción de que, si dejaba salir a aquellos hombres sin un pacto, el país entero se desplomaría antes del amanecer.

    Funcionó. Los banqueros cedieron, los mercados se estabilizaron y el pánico remitió. Pero lo verdaderamente fascinante no es que un solo hombre pudiera salvar Wall Street. Lo fascinante es lo que pasó después: el episodio asustó tanto al establishment político que seis años más tarde crearon la Reserva Federal, precisamente para que ningún individuo volviera a tener jamás ese poder.

    ¿Y por qué os estoy contando esto?

    Porque esta semana, en 2026, casi ciento veinte años después, los consejeros delegados de los mayores bancos del mundo fueron convocados de urgencia a la sede del Tesoro en Washington. Otra vez una habitación cerrada. Otra vez los hombres más poderosos de las finanzas (menos uno a quien se le ha visto últimamente jugando con mofetas) sentados alrededor de una mesa. Otra vez la sensación de que algo muy grande se está moviendo bajo la superficie y de que las reglas del juego están a punto de cambiar.

    Solo que esta vez no fue un pánico bancario lo que provocó la reunión. Fue algo que la mayoría de la gente aún no termina de entender. Y eso es, precisamente, lo que lo hace más peligroso.

    En el nuevo episodio de Actualidad Semanal +D hablamos de lo que realmente está ocurriendo. De por qué los mercados se han disparado mientras las alarmas suenan más fuerte que nunca. De un presidente que amenaza con borrar un país del mapa un domingo de Pascua y luego se retracta un martes. De una empresa que está poniendo nerviosos a gobiernos, banqueros y a todo el sector del software al mismo tiempo. De la mayor divergencia entre precios y beneficios que se ha registrado jamás en bolsa. Y de por qué un fabricante de vaqueros y una empresa que dejó de hacer teléfonos hace una década están dando lecciones a la mitad del S&P 500.

    Morgan encerró a los banqueros porque sabía que, si no actuaban esa noche, al día siguiente sería demasiado tarde. La pregunta hoy es si alguien tiene la llave de la puerta.

    El episodio ya está disponible. Escúchenlo antes de que los mercados abran el lunes.

  • Si hubieras estado en el puente del Titanic, tú también habrías señalado al iceberg. El problema casi nunca es solo lo que se ve.

    Con el mercado está pasando algo parecido.

    Seguimos prestando atención al titular grande, al nombre obvio, al movimiento espectacular. Pero por debajo se está formando otra historia: una donde pesan más la energía, la geopolítica, los cuellos de botella y el regreso silencioso de negocios más tangibles.

    Este episodio entra justo ahí.

    En las conexiones que no son evidentes a primera vista.
    En los giros que parecen tácticos pero quizá no lo son tanto.
    Y en esa sensación de que el mercado empieza a premiar menos el relato y más la resistencia.

    Hay varios momentos que merecen la escucha sin destriparlos aquí.

    Solo diré una cosa: cuando las piezas empiezan a encajar entre sectores que parecían no tener nada que ver, conviene prestar atención.

    ️ Ya disponible.

    Si lo escuchas, te leo: ¿qué crees que está pesando más ahora mismo, la narrativa o la realidad?

  • Mientras los titulares hablaban de misiles, petróleo y Oriente Medio, la bolsa estaba votando otra cosa: quién cobra de verdad en el futuro y quién solo vivía del relato.

    En este nuevo episodio de Actualidad Semanal +D, “La bolsa entre el misil y el megavatio”, analizamos la semana en la que Wall Street dejó de posar para la foto y empezó a separar, con bastante crueldad, a las empresas imprescindibles de las prescindibles. Del barril que asfixia consumo y transporte al megavatio que convierte la IA en una cuestión de chips, redes, energía y soberanía industrial. Si quieres entender lo que el mercado realmente creyó esta semana, este episodio merece tu tiempo.