Avsnitt
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La tarde del 18 de marzo de 1905, víspera de San José, Antonio Jiménez Astorga, jefe de la Casa Larios, regresaba de la oficina a su casa cuando Salvador Marín Criado, más conocido como Bizco el Pucherero, terminó a cuchillo con uno de los mayores símbolos del poderío de la burguesía local. Sus caminos se cruzaron, además, en plena calle Larios, inaugurada con honores 15 años antes como espejo de la Málaga acomodada y en la que el apoderado de los marqueses había jugado un papel fundamental. Aquello no sólo fue un crimen de sangre; también la evidencia de una fractura social que enfrentaba, una vez más, a la clase burguesa con la clase obrera.
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Café Inglés, plaza del Carbón, en pleno centro de Málaga. Los camareros del establecimiento acaban de arrancar el turno para atender a la clientela cuando tres tiros interrumpen la rutina de las comandas. Se han escuchado cerca, en el callejón de acceso al café. Fuera, el desenlace de una reyerta que lleva semanas cocinándose y un cuerpo inerte en el suelo. Es Manuel Heredia Loring, hijo de la gran burguesía del siglo XIX, concejal y, para casi todos, el próximo alcalde de Málaga. Los tres tiros iban para él. El agresor huye de la escena del crimen: es Francisco de Asís García Peláez, director interino de uno de los periódicos con más tradición en la ciudad, ‘Diario Mercantil’.
Era domingo por la noche. 7 de junio de 1891. Quedaban apenas dos meses para la inauguración de la calle Larios, símbolo del esplendor burgués de la Málaga del siglo XIX, pero esas luces de cara a la galería escondían también muchas sombras. Esta es la historia de aquel homicidio.
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Café Inglés, plaza del Carbón, en pleno centro de Málaga. Los camareros del establecimiento acaban de arrancar el turno para atender a la clientela cuando tres tiros interrumpen la rutina de las comandas. Se han escuchado cerca, en el callejón de acceso al café. Fuera, el desenlace de una reyerta que lleva semanas cocinándose y un cuerpo inerte en el suelo. Es Manuel Heredia Loring, hijo de la gran burguesía del siglo XIX, concejal y, para casi todos, el próximo alcalde de Málaga. Los tres tiros iban para él. El agresor huye de la escena del crimen: es Francisco de Asís García Peláez, director interino de uno de los periódicos con más tradición en la ciudad, ‘Diario Mercantil’.
Era domingo por la noche. 7 de junio de 1891. Quedaban apenas dos meses para la inauguración de la calle Larios, símbolo del esplendor burgués de la Málaga del siglo XIX, pero esas luces de cara a la galería escondían también muchas sombras. Esta es la historia de aquel homicidio.