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  • Exploramos la radioastronomía desde sus inicios accidentales hasta descubrimientos impactantes. Las ondas de radio son radiación electromagnética invisible que podemos transformar en sonido o imágenes.

    Maxwell en 1860 mostró que electricidad y magnetismo viajan como ondas en el vacío. Heinrich Hertz produjo por primera vez ondas electromagnéticas de 5 metros en 1880. Edison, Tesla y Marconi intentaron detectar ondas del espacio en 1890 y pensaron que recibían señales de marcianos. El problema era la ionósfera: ciertas ondas rebotan en esta capa atmosférica.

    En 1933, Carl Jansky trabajaba para Bell Telephone resolviendo interferencias en comunicaciones transatlánticas. Detectó ruido que se repetía cada 23 horas 56 minutos: el período de rotación terrestre respecto a las estrellas. Provenía de Sagitario, dirección del centro de la galaxia. Publicó "Perturbaciones eléctricas aparentemente de origen extraterrestre." Los astrónomos dijeron que las ondas de radio "no eran de ningún interés."

    Grote Reber construyó el primer radiotelescopio en su patio: plato parabólico con tres receptores. Creó el primer mapa del plano galáctico a fines de los 30.

    Durante la Segunda Guerra avanzó la radiocomunicación. En 1942, James Stanley Hey investigaba antijamming para defensa británica. Detectó interferencia severa del Sol causada por manchas solares. No fue público por la guerra. Grote Reber publicó primero la detección solar.

    En 1944, Henk van de Hulst predijo que el hidrógeno emite ondas de 21 cm. Jan Oort quería detectarlas para mapear la galaxia. Pursel y Ewen lo detectaron primero con antena rudimentaria que salía por ventana de laboratorio y se inundaba cuando llovía. Contactaron a Oort explicándole cómo reducir ruido. Tres grupos publicaron simultáneamente en Nature 1951.

    Entre 1946-1959 descubrieron "estrellas de radio": fuentes pequeñas con mucha radiación variable. Cygnus A fue la primera. Resultaron extragalácticas. Las llamaron cuásares: agujeros negros supermasivos.

    En 1954, Burke y Franklin probaban antenas con nebulosa del Cangrejo y detectaron algo raro. Un astrónomo sugirió Júpiter. Se reían diciendo "veamos Júpiter hoy." Era Júpiter. Descubrimos su campo magnético.

    Chile tuvo el primer radiotelescopio latinoamericano: ROM (Radio Observatorio de Maipú) 1959-1999. Federico Rutllant lo inició para promover astronomía y atraer telescopios internacionales. Jorge May lo mantuvo 40 años. ROM observó Júpiter coordinando con hemisferio norte, desarrollando radioastronomía chilena.

    Hoy tenemos interferómetros: muchos telescopios trabajando como uno gigante. ALMA en Chile a 5,000 m. La imagen del agujero negro usó interferómetro del tamaño de la Tierra.

  • Exploramos la 32ª ceremonia de los Ig Nobel 2022, celebrada online. Premios a investigaciones serias publicadas en revistas prestigiosas que te hacen reír y pensar.

    Cardiología aplicada: cuando compañeros románticos se atraen, sus pulsos se sincronizan. Estudio con 140 personas mostró que sincronización de corazón y sudor de piel predice atracción mutua mejor que gestos. La gente es mala leyendo intenciones románticas.

    Literatura: por qué documentos legales son incomprensibles. Están mal escritos, usan "incrustación central" (frases dentro de frases), jerga legal y voz pasiva. Ejemplo: "Un hombre que una mujer que un niño que vi un pájaro que escuché conoce ama."

    Biología: constipación en escorpiones. Si un depredador los agarra, desprenden cola con aguijón, pero ahí está el ano. La vía digestiva se cicatriza: constipados de por vida. Comen presas pequeñas, son lentos, tienen menos descendencia pero viven mucho y se reproducen. Evolutivamente conviene soltar cola.

    Medicina: helado reduce efectos de quimioterapia. Crioterapia ayuda contra mucositis oral. Helado es menos molesto que masticar hielo y hace pasar mejor momento.

    Ingeniería: forma eficiente de girar perillas. 32 personas probaron perillas de 7 mm a 13 cm. Midieron cuándo usan dos, tres, cuatro o cinco dedos. Importante para diseñadores industriales.

    Historia del arte: rituales con enemas en cerámica maya (1986). Ilustraciones muestran pulgar en recipientes para controlar flujo. Usaban bebidas alcohólicas tóxicas en rituales. Vía oral causaba vómito, así que enemas. Un investigador se lo hizo y su profesor advirtió sobre dosis.

    Física: patitos nadan en formación porque ondas de mamá pato crean línea donde arrastre se invierte. Ganan empuje en lugares específicos. Patitos "surfean" onditas gastando menos energía.

    Paz: algoritmo para decidir cuándo mentir en chismes. Chisme es compartir información sobre ausentes. Esencial en cooperación pero puede perjudicar. Depende de cómo afecta tu bienestar: beneficio versus costo.

    Economía: por qué éxito depende más de suerte que talento. Simulación mostró que gente con mayor capital tenía talento ligeramente mejor que promedio. Muy talentosos no eran más exitosos. Proponen financiamiento aleatorio. Principio de Peter: promovidos por éxito anterior hasta nivel donde se vuelven incompetentes.

    Seguridad: crash test con alce en Suecia. Si vas a chocar con alce, pasa por detrás, no por delante.

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  • Exploramos consecuencias negativas de no entender descubrimientos científicos.

    Marie y Pierre Curie descubrieron el radio en 1898. Brillaba en la oscuridad porque el átomo se desintegra liberando partículas a gran velocidad. Se descubrió que encogía tumores. Sin ensayos clínicos, doctores estadounidenses lo inyectaban o daban a beber pensando que mataría "todo lo malo." Se usó en chocolate, pan, agua, pasta de dientes, cosméticos, relojes.

    Entre 1917-1926, la Corporación del Radio contrató mujeres para pintar relojes. Pintaban manecillas con radio para que brillaran en la oscuridad. El ejército las necesitaba. Usaban pinceles mojándolos con la lengua, consumiendo radio.

    Francis Spletcher tuvo molestia en dientes. Al sacarle uno, la mandíbula se rompió, se infectó y murió en un mes. El radio reemplaza calcio en huesos. Desde dentro dispara partículas haciendo hoyos. Huesos se debilitan y fracturan.

    Grace Fryer en 1922: dientes cayéndose, mandíbula llena de agujeros. Síntomas se repetían con mujeres pintando relojes. Una compañía contrató a Frederick Flynn para analizarlas. Dijo que estaban perfectas. Años después: era fraude, no era doctor.

    Cecil Drinker midió contaminación: todas tenían radio por todas partes, algunas con 15 años. Puntos brillantes en piernas. La corporación intentó publicar su reporte cambiado. Él lo publicó por su cuenta.

    Las "chicas del radio" demandaron. Tardaron dos años encontrando defensor. La compañía retrasaba juicios hasta que morían. Llegaron a acuerdo fuera de juicio sabiendo que morirían esperando. Cadáveres sellados con plomo porque siguen radiando.

    Eben Byers, golfista, se dañó brazo en 1927. Doctor recetó Radithor: agua con radio. Tomó 1400 botellas en 2 años. En 1931 se desprendió mandíbula. Murió a los 51. Su cuñado ordenó investigación. Se prohibió vender agua con radio.

    Clorofluorocarburos: en 1800s refrigeradores usaban elementos peligrosos. En 1893 uno explotó en Chicago matando 17. Fugas mataban gente. Thomas Midgley Jr. desarrolló CFCs: seguros. Normativas dijeron que solo CFCs podían usarse. Todo el planeta cambió refrigerantes.

    En 1974, Sherwood Rowland y Mario Molina mostraron que CFCs causan hoyo en capa de ozono. Ozono (O3) absorbe radiación ultravioleta. Luz ultravioleta incide en CFC, libera cloro que rompe ozono.

    En 1985 Joe Farman describe el agujero. 1987: 27 naciones firman Protocolo de Montreal. 1986: baja producción. Meta: terminar para 2000. Problema: CFCs tienen larga vida. Refrigeradores en vertederos liberan gas. Importante reciclar. 1992: NASA observó monóxido de cloro. 1995: Premio Nobel a Crutzen, Molina y Rowland por química atmosférica.

    Acuerdo de Copenhague: compuestos con cloro deben dejar de producirse en 2030. Necesitamos reciclaje y contención enorme.

  • Caroline Herschel nació en Alemania y creció en Hanover. Su padre era músico que educaba a sus hijos en matemáticas, astronomía y filosofía. Su madre no quería que aprendiera. Caroline se enfermó de tifus, estuvo en cama mucho tiempo y su padre le enseñó. Cuando él murió, su madre retomó la educación: se acabó el conocimiento.

    Su hermano William Herschel se fue a Inglaterra a ser músico. Pidió que Caroline fuera su ama de llaves. Ella cantaba como soprano en eventos pero no era su pasión. William se tentó por astronomía y Caroline lo ayudó. Construían telescopios en casa, pulían espejos. Hicieron los telescopios más grandes de la época.

    William descubrió Urano y se hizo famoso. Caroline hacía todo: casa, pulir espejos, anotar observaciones, cálculos. Catalogaron 2500 nebulosas y cúmulos. Cuando William viajaba, ella hacía sus propias observaciones. En 1783 encontró nebulosas sola. En 1787 publicó en la Royal Society: primera mujer en hacerlo.

    Enriqueció catálogo de John Flamsteed de 560 estrellas agregando 3000 más. En 1786 encontró su primer cometa. Descubrió 8 en total. Cuando descubrió el primero, le escribió a la Royal Society. Su hermano al día siguiente escribió haciendo notas sobre el descubrimiento innecesarias, vinculándose cuando ella ya lo había informado.

    William ganaba 200 libras al año. Caroline logró 50 libras tarde en su vida: primera mujer astrónoma remunerada. Fue primera mujer en entrar a la Royal Society como miembro honorífico a los 85 años. Murió en 1848.

    Maria Mitchell nació en Massachusetts en 1818. Su madre trabajaba en biblioteca, su padre era profesor y astrónomo aficionado. Familia protestante valoraba educación de mujeres. A los 12 años calculó con su padre momento exacto de eclipse solar. A los 16-17 fundó escuela donde podían asistir niñas y niños de color: controversial. Trabajaba medio tiempo en biblioteca.

    En 1847 a los 29 años, mientras su padre tenía fiesta, subió al techo, barrió el cielo y encontró manchita donde sabía que no había nada. Esperó tres días y calculó trayectoria del cometa. Otras personas lo vieron dos días después. Su mensaje llegó después pero ella lo descubrió primero. Recibió medalla de oro del rey de Dinamarca. Tercera mujer en descubrir cometa.

    Se hizo famosa. La invitaron a Academia Americana de Artes y Ciencias y Asociación Americana para Avance de la Ciencia. En primera convención mundial por derechos de mujeres la mencionaron como prueba de que mujeres podían hacer todo. La contrataron para observar movimiento de planetas para Marina de EE.UU.

    En 1858 organizó viaje a Europa visitando observatorios. Durante su ausencia, mujeres recaudaron fondos y le compraron telescopio nuevo. En 1865 fue primera profesora de astronomía y primera directora de observatorio en Vassar College: primera astrónoma profesional de EE.UU.

    Métodos poco convencionales: no ponía notas, no registraba asistencia. Llevaba estudiantes a observar, viajaban a ver eclipses, observaban manchas solares midiendo rotación del Sol. El observatorio siempre estaba abierto.

    En 1870 descubrió que le pagaban $800 y a colegas hombres $2500. Con otra profesora demandaron mismo sueldo. El college dijo que recibían "privilegios de damas": habitación amoblada y servicios. Ellas ofrecieron pagar. Les subieron arriendo más que a hombres. Amenazaron con renunciar. El college bajó renta a $500: $100 más que hombres.

    En 1876 dio discurso "La necesidad de las mujeres en la ciencia." Decía que es ridículo discutir si mujeres pueden dedicarse a ciencia si no tienen oportunidades. Luchó por acceso de mujeres a educación y trabajo.

  • En 1783, John Michell escribió a Cavendish sobre un método para determinar masa de estrellas. Si la luz son partículas y las estrellas tienen gravedad, la luz se frena al escapar. Se preguntó: ¿qué pasa si una estrella es tan masiva que la velocidad de escape sea la velocidad de la luz? La luz volvería a caer. No veríamos la estrella, pero sí detectaríamos objetos orbitándola.

    En 1916, Karl Schwarzschild envió carta a Einstein con cálculos usando relatividad general: cómo se curva espacio y tiempo alrededor de estrellas esféricas. Había un punto donde todo se rompía: cuando la estrella adquiría cierto tamaño crítico, el tiempo se detenía en la superficie. Si era más pequeña, se desconectaba del universo. Einstein se rehusaba a creer que fuera real.

    En 1910 descubren primera enana blanca: estrella superdensa. En 1926 Arthur Eddington publicó "La Constitución Interna de las Estrellas" diciendo que estrellas con mucha gravedad tendrían corrimiento al rojo infinito: la luz perdería toda energía al escapar.

    Subrahmanyan Chandrasekhar en 1930, con 19 años en barco a Inglaterra, mezcló relatividad general con mecánica cuántica. Los electrones generan presión degenerada que sostiene la estrella, pero si presionas mucho se acercan a velocidad de luz. Hay masa máxima para enanas blancas: 1.5 veces masa del Sol. Si es mayor, colapsa indefinidamente. Eddington lo rechazó públicamente. Chandrasekhar abandonó esa área de investigación.

    En 1939, Oppenheimer y Volkov calcularon límite para estrellas de neutrones: 0.7 veces masa del Sol (hoy sabemos que es 2-2.5). Oppenheimer y su estudiante Snyder describieron lo que hoy llamamos agujero negro: un observador en superficie de objeto más masivo que límite crítico parecería congelado en caída libre para observador externo, pero quien cae cruza el horizonte sin notarlo y sigue cayendo hasta singularidad.

    Einstein en 1939 publicó artículo demostrando que no podían existir objetos más pequeños que tamaño crítico. Tras Segunda Guerra Mundial, John Wheeler pidió simulaciones de colapso estelar incluyendo todo: resistencia, energía, ondas de choque, reacciones químicas. Encontraron que el colapso no se detenía nunca. Wheeler se convenció de que existen los agujeros negros y comenzó a usar el término. Algunos editores se oponían porque tenía connotación obscena.

    En 1969, Zeldovich y Shakura publicaron que discos de acreción alrededor de agujeros negros emiten rayos X. En 1972, Paul Murdin y Luis Webster descubrieron que HD 226868 tenía compañera invisible de más de 6 veces masa del Sol: ni enana blanca ni estrella de neutrones. Cygnus X-1: primer agujero negro confirmado.

    John Wheeler acuñó "los agujeros negros no tienen pelo": se describen solo por masa, carga eléctrica y rotación. No hay información en superficie que diga qué los formó.

  • En 1845, Albert Koch exhibió el Hidrarcos: serpiente marina de 35 metros, 400,000 libras, "Leviatán del diluvio". Koch era estafador. Había exhibido mastodonte con vértebras extra y colmillos verticales. Naturalistas lo descubrieron. Koch dijo que el mastodonte caminaba bajo esta bestia mayor.

    En Alabama encontró fósiles que gente usaba en chimeneas, cimientos, como almohadas. Ensambló el Hidrarcos mezclando huesos de diferentes animales con distinta osificación. Tenía heterodoncia (dientes de distintos tipos): común en mamíferos, no reptiles. En tour europeo, parte del cráneo se rompió. Vieron huesos de oído interno iguales a ballenas. Era Basilosaurus: ancestro de ballenas, no serpiente.

    En 1948, expedición soviética en desierto de Gobi (Mongolia) encontró garras gigantes. En 1954, Eugenio Malev las describió: Therizinosaurus cheloniformis. Therizo significa guadaña, chelon significa tortuga. Tortuga marina de 5 metros que cosechaba algas con garras. En 1970, Anatol Rozhdestvensky dijo: no es tortuga, es terópodo sobre dos patas. Hoy sabemos: dinosaurio terrestre de 10 metros de largo, 5 metros de altura, 5 toneladas. Las guadañas tiraban vegetación. Granjero, pero no submarino.

    En 1869, equipo poniendo líneas férreas en EE.UU. encontró fósiles. Edward Drinker Cope recibió huesos, describió Elasmosaurus: placa delgada y cola plana. Pensó: plesiosaurio con cuello corto y cola larga para propulsión. "Reptiles al revés" porque plesiosaurios tienen cuello largo. Su mentor descubrió: vértebras mal puestas. Lumbares eran cervicales. Cabeza al revés. Vértebra cervical conectada con cráneo estaba en la cola. Cope intentó recuperar publicaciones incorrectas para corregir sin cambiar fecha. Copia llegó a Othniel Marsh: rival de por vida. Guerra de los huesos. Elasmosaurus tiene 70 vértebras cervicales: cuello larguísimo y rígido.

    En 1911, Charles Walcott describió Hallucigenia: gusano poliqueto. En 1977, Simon Conway Morris publicó 18 páginas diciendo: animal que camina sobre púas en fondo barroso. Tentáculos huecos en parte superior para alimentarse. No tenía boca en extremo. "Su forma de vida es bastante problemática." En 1991, Lars Ramskold y Hou Xian-guang revisaron: es lobópodo (parecido a osito de agua extinto). Púas en espalda. Otra fila de tentáculos en otro plano del fósil. Mancha en cabeza era proceso químico. Sí tenía cabeza. Solo había que darle vuelta.

  • En este episodio de Jugo de Ciencia exploramos la fascinante historia del color azul, desde los primeros pigmentos naturales hasta los descubrimientos sintéticos modernos. José Utreras y Elise Servajean nos llevan en un viaje a través de miles de años para descubrir por qué el azul, siendo el color favorito de la mayoría de las personas, es también uno de los más difíciles de obtener en la naturaleza.

    Comenzamos con los egipcios y su revolucionario azul sintético creado hace más de 5000 años, una receta que se perdió en el tiempo y que los arqueólogos han tenido que reconstruir mediante experimentos. Luego descubrimos el lápiz lazuli traído desde Afganistán, una piedra preciosa que producía el ultramar, un pigmento tan valioso que llegó a costar más que el oro. Los artistas del Renacimiento lo reservaban para pintar a la Virgen María y otras figuras importantes, mientras que Miguel Ángel posiblemente dejó una obra incompleta por falta de presupuesto para comprarlo.

    La historia continúa con el índigo extraído de plantas tropicales, usado por culturas desde los mayas hasta los japoneses para teñir textiles. Exploramos el misterioso azul de Prusia, descubierto accidentalmente en 1704 mientras alguien buscaba crear el elixir de la vida, y que terminó siendo usado en todo, desde las pinturas de Picasso hasta como antídoto para intoxicaciones por metales pesados. El azul cobalto nace de un encargo político de Napoleón, mientras que el azul ftalocianina revoluciona la industria por su intensidad y estabilidad.

    Cerramos con el YInMn, el azul más reciente descubierto en 2009 por accidente en un laboratorio de la Universidad de Oregón, que tiene la peculiaridad de reflejar el infrarrojo y mantener las superficies más frescas. A lo largo del episodio descubrimos cómo cada nuevo pigmento azul transformó el arte, la industria y hasta la política de su época.

  • En este episodio especial de Jugo de Ciencia exploramos los misterios del interior de nuestro planeta a través de las historias de dos científicas extraordinarias que revolucionaron nuestra comprensión de la Tierra. José Utreras y Elise Servajean nos llevan en un viaje desde la superficie hasta el núcleo terrestre, revelando cómo la sismología se convirtió en una ventana para mirar hacia las profundidades inaccesibles de nuestro mundo.

    Comenzamos con Inge Lehmann, la sismóloga danesa nacida en 1888 que vivió 105 años y cambió para siempre nuestra comprensión del planeta. Educada en la primera escuela mixta de Dinamarca, Inge estudió matemáticas en Copenhague y Cambridge antes de dedicarse a la sismología. Trabajando con datos de terremotos alrededor del mundo, notó algo peculiar en cómo viajaban las ondas sísmicas: las ondas S desaparecían después de cierta distancia, mientras que las ondas P creaban una misteriosa "sombra sísmica". En 1936 propuso algo revolucionario: el núcleo de la Tierra no era una masa uniforme, sino que estaba dividido en dos partes con propiedades diferentes, un núcleo externo líquido y un núcleo interno sólido. Aunque tomó veinte años para que la comunidad científica aceptara su descubrimiento, hoy la frontera entre ambos núcleos lleva su nombre: la discontinuidad de Lehmann.

    La segunda mitad del episodio nos presenta a Marie Tharp, geóloga estadounidense nacida en 1920, cuya historia es tan fascinante como frustrante. Formada en geología del petróleo durante la Segunda Guerra Mundial, Marie llegó a la Universidad de Columbia como asistente, donde sus habilidades de dibujo técnico la pusieron a cargo de convertir datos de sonar del fondo oceánico en mapas comprensibles. Al analizar estos datos, descubrió algo extraordinario: una enorme dorsal que recorría el centro del Atlántico con una fisura en su cima, evidencia irrefutable de la deriva continental. Sin embargo, su descubrimiento fue ridiculizado inicialmente por sus colegas masculinos, quienes publicaron los hallazgos sin incluirla como autora durante años. Finalmente, en 1959, el explorador Jacques Cousteau confirmó sus observaciones filmando la dorsal, y Marie recibió el reconocimiento que merecía. Sus mapas del fondo oceánico cambiaron completamente nuestro entendimiento de la tectónica de placas.

  • En este segundo episodio sobre la vida en el espacio, José Utreras y Elise Servajean profundizan en la búsqueda científica de vida más allá de la Tierra, explorando desde las primeras teorías hasta las misiones espaciales más ambiciosas de la actualidad. La pregunta que abre el episodio es provocadora: ¿descubriremos vida o evidencia de vida pasada durante nuestras vidas?

    El camino científico para responder esta pregunta comienza con la ecuación de Drake, que intenta estimar el número de civilizaciones extraterrestres con las que podríamos comunicarnos. Esto nos lleva al concepto de zona habitable, esa región alrededor de una estrella donde un planeta podría mantener agua líquida en su superficie. Descubrimos que estrellas más pequeñas que el Sol pueden tener zonas habitables mucho más cercanas, como el fascinante sistema TRAPPIST-1 con tres planetas candidatos. Pero la habitabilidad no depende solo de la distancia: la atmósfera, la estabilidad orbital y la longevidad de la estrella son igualmente cruciales.

    La historia moderna de esta búsqueda comienza en 1958 con la creación de la NASA y la llegada de Joshua Lederberg, Premio Nobel preocupado por la contaminación biológica de la Luna. Esto abre un nuevo campo: la exobiología, que más tarde se convertiría en astrobiología. El famoso experimento de Miller-Urey demostró que aminoácidos podían formarse espontáneamente en condiciones similares a la atmósfera primitiva terrestre, revolucionando nuestra comprensión del origen de la vida. La NASA financió investigaciones que otras instituciones rechazaban, como los estudios de Lynn Margulis sobre simbiosis celular y el descubrimiento de Carl Woese de las arqueas, ese tercer dominio de la vida.

    Los extremófilos descubiertos en 1977 cerca de fumarolas hidrotermales en el fondo oceánico expandieron dramáticamente nuestra definición de habitabilidad. Si la vida puede prosperar en oscuridad total, alta presión y condiciones químicas extremas en la Tierra, ¿qué nos impide encontrarla en lugares similarmente extremos del sistema solar?

    Las misiones Viking a Marte en 1976 fueron un momento crucial, aunque decepcionante. Un experimento detectó posibles señales de vida que sus creadores defendieron hasta la muerte, pero el consenso científico lo atribuyó a química desconocida del suelo marciano. El meteorito marciano de 1984 generó controversia similar, pero tuvo un efecto positivo: la creación del Instituto de Astrobiología de la NASA en 1998.

    Hoy la búsqueda se ha desplazado hacia las lunas heladas de Júpiter y Saturno. Europa y Encélado prometen océanos subterráneos donde podrían existir fumarolas hidrotermales similares a las terrestres. Las misiones Juice y Europa Clipper explorarán estos mundos acuáticos bajo kilómetros de hielo. Mientras tanto, el telescopio espacial James Webb buscará biomarcadores como oxígeno, metano y compuestos de carbono en las atmósferas de exoplanetas, moléculas que podrían delatar la presencia de vida.

  • En este primer episodio sobre vida extraterrestre, José Utreras y Elise Servajean nos llevan en un fascinante viaje histórico a través de siglos de especulación, observación y teorías cada vez más elaboradas sobre la posibilidad de vida más allá de la Tierra. La pregunta que abre la conversación es simple pero profunda: ¿existe vida en el sistema solar además de en la Tierra?

    La búsqueda de vida extraterrestre comienza con una paradoja fundamental: si no sabemos cómo surgió la vida en nuestro propio planeta, ¿cómo podríamos buscarla en otros mundos? Lo que sí sabemos es que la vida apareció en la Tierra hace aproximadamente 4 mil millones de años, apenas 500 millones de años después de su formación, en condiciones completamente diferentes a las actuales. Este dato es crucial porque sugiere que la vida podría prosperar en ambientes muy distintos al nuestro.

    Las primeras ideas sobre vida extraterrestre provienen de los atomistas griegos, especialmente Demócrito, quien creía que ordenando átomos de manera diferente se podría crear vida en los innumerables mundos que existían. Sin embargo, estas ideas murieron con Aristóteles y Platón, quienes consideraban la Tierra única y central. Hubo que esperar hasta el siglo XV cuando Nicolás de Cusa, teólogo y filósofo, retomó el concepto del pluralismo cósmico, inspirando posteriormente a Giordano Bruno.

    Con Galileo y sus mapas lunares, otros científicos como Kepler comenzaron a ver evidencia de vida en todas partes. Kepler creía que en la Luna vivían seres gigantes que se escondían en cuevas, y que los habitantes de Júpiter disfrutaban de cuatro lunas iluminando sus noches. John Wilkins soñaba con comerciar con los selenitas lunares, mientras que en 1686 se publicó un fascinante libro de divulgación donde Copérnico y Descartes explicaban a una marquesa por qué todos los planetas debían estar habitados.

    Christian Huygens fue pionero en establecer requisitos científicos para la vida, identificando el agua como vital y esbozando por primera vez el concepto de zona habitable. William Herschel llevó la especulación al extremo, creyendo ver pueblos y bosques en la Luna, e incluso proponiendo que el Sol estaba habitado por "solarianos" protegidos del calor por densas nubes. Thomas Dick calculó que había 22 billones de criaturas en el sistema solar, usando la densidad poblacional de Inglaterra como referencia universal.

    El descubrimiento de meteoritos por Cladni en 1794 abrió la posibilidad de que la vida llegara del espacio, idea que se reforzó en 1834 cuando Jacob Berzelius encontró compuestos orgánicos en meteoritos. La espectroscopía, desarrollada en 1858, cambió todo al permitir identificar elementos químicos en lugares lejanos. Pronto se creyó detectar oxígeno y agua en Marte, alimentando la convicción de que el planeta rojo estaba habitado. Los canales de Schiaparelli y los ingenieros marcianos de Lowell capturaron la imaginación popular, mientras que Marconi intentaba comunicarse con ellos mediante ondas de radio gigantescas.

  • En este episodio especial de Jugo de Ciencia, José Utreras y Elise Servajean nos traen cuatro historias fascinantes que exploran la delgada línea entre el error honesto, el descubrimiento accidental y el fraude científico. Porque en ciencia, equivocarse es parte del proceso, pero las consecuencias pueden ser extraordinarias.

    La primera historia nos lleva a París en 1773, donde el astrónomo Jerome Lalande calculó la probabilidad de que un cometa chocara con la Tierra. Su intención era tranquilizar al público demostrando que era prácticamente imposible. Sin embargo, cuando su charla pública fue cancelada por falta de tiempo, surgió un rumor devastador: la Academia de Ciencias estaba censurando a Lalande porque había descubierto que un cometa destruiría el mundo en mayo. A pesar de que Lalande publicó sus resultados mostrando que no había peligro, cometió un error fatal de comunicación al describir detalladamente qué pasaría si un cometa impactara la Tierra. El pánico se desató: la gente huía a las montañas, pedía al arzobispado organizar días de oración, y charlatanes vendían puestos en el paraíso. Esta historia marcó el inicio de las discusiones sobre cómo comunicar riesgos científicos al público.

    La segunda historia nos presenta el famoso fraude de la fusión fría de 1989. Los químicos Stanley Pons y Martin Fleischmann anunciaron en una rueda de prensa que habían logrado fusión nuclear a temperatura ambiente usando un sistema simple: una barra de paladio en agua pesada con electrólisis. Si fuera cierto, sería una fuente de energía prácticamente infinita. La Universidad de Utah presionó para que hicieran el anuncio antes de publicar en revistas científicas. El problema: nadie pudo replicar el experimento jamás. El Departamento de Energía formó un comité que concluyó que no había evidencia real del descubrimiento. Hasta hoy no se sabe si fue un fraude deliberado o un error honesto, pero las consecuencias fueron graves: líneas completas de investigación en fusión quedaron estigmatizadas durante años.

    José nos cuenta cómo Guglielmo Marconi logró la primera comunicación transatlántica por radio en 1901, a pesar de creer en la teoría completamente equivocada de que las ondas viajaban por la superficie del agua. En realidad, las ondas rebotaban en la ionósfera, algo que Marconi desconocía. Lo más sorprendente es que incluso al recibir el Premio Nobel en 1909, cuando ya conocía la explicación correcta, siguió defendiendo su teoría errónea. Además, marginó al ingeniero Fleming, quien había desarrollado la tecnología necesaria para el experimento y solo se enteró del éxito por la prensa.

    Finalmente, Elise relata la carrera por crear diamantes sintéticos en General Electric durante los años 50. Herbert Strong anunció haberlo logrado en diciembre de 1954, pero su experimento nunca pudo replicarse. Días después, Tracy Hall sí creó diamantes sintéticos usando un método diferente que funcionaba consistentemente. Sin embargo, General Electric despreció a Hall, quien renunció y fundó una empresa competidora. Nunca se supo si Strong mintió deliberadamente o cometió un error honesto.

  • En este episodio crucial de Jugo de Ciencia, José Utreras y Elise Servajean abordan uno de los temas más urgentes de nuestro tiempo: el cambio climático y el calentamiento global. A través de un recorrido histórico fascinante, descubrimos que la relación entre la actividad humana y el clima se conoce desde mucho antes de lo que imaginamos.

    La historia comienza sorprendentemente en el siglo III a.C., cuando el botánico griego Teofrasto observó que la deforestación y el drenaje de pantanos alteraban las temperaturas locales. En China, Chen Kuo encontró bambúes fosilizados en lugares donde no podían crecer, planteando por primera vez que el clima de un lugar podía cambiar radicalmente con el tiempo. Sin embargo, no todo fue conocimiento: en Estados Unidos, el mito de que "la lluvia sigue al arado" llevó a muchas familias a establecer granjas en tierras áridas, creyendo erróneamente que la agricultura traería lluvias.

    El verdadero punto de inflexión llegó con la Revolución Industrial en 1712, cuando Thomas Newcomen inventó el primer motor de vapor práctico. Décadas después comenzó el aumento exponencial de CO2 en la atmósfera que persiste hasta hoy. En 1824, Joseph Fourier descubrió que sin atmósfera la Tierra sería mucho más fría, identificando por primera vez el efecto invernadero. Eunice Newton Foote demostró experimentalmente en 1856 que el CO2 atrapa más calor que otros gases, aunque el reconocimiento se lo llevó John Tyndall años después.

    Svante Arrhenius calculó en 1896 que duplicar el CO2 atmosférico aumentaría la temperatura entre 5 y 6 grados Celsius. Paradójicamente, consideraba esto beneficioso para hacer más cálidos los climas fríos del norte. En 1907, John Henry Poynting acuñó el término "efecto invernadero" en una respuesta elegante a Percival Lowell, quien había ignorado este fenómeno en sus cálculos.

    G. Stewart Callendar fue el primero en 1938 en advertir que el CO2 industrial ya había aumentado la temperatura global 0.3 grados, usando datos de 147 estaciones meteorológicas. Advirtió que estábamos realizando un "experimento a gran escala" sin saber las consecuencias. Sin embargo, pocos le creyeron, asumiendo que el océano absorbería todo el CO2 extra. Esta creencia se desmoronó cuando Hans Suess descubrió mediante carbono-14 en anillos de árboles que la atmósfera contenía carbono proveniente de combustibles fósiles, demostrando que el océano no podía absorberlo todo.

    Charles David Keeling comenzó en 1958 las mediciones sistemáticas de CO2 que continúan hasta hoy, mostrando el aumento implacable de 315 partes por millón en 1958 a más de 400 actualmente. Un obstáculo temporal surgió cuando datos de 200 estaciones del hemisferio norte mostraron enfriamiento entre 1940 y 1963, generando temor a una nueva era glacial. Los medios amplificaron exageradamente esta posibilidad, dañando la credibilidad científica cuando se demostró que era un fenómeno regional temporal.

    La evidencia definitiva llegó en 1976 con núcleos de hielo antártico de 3600 metros que mostraron 400,000 años de historia climática: la correlación entre CO2 y temperatura era perfecta. En 1988 se creó el IPCC, que desde entonces evalúa la ciencia del cambio climático y propone soluciones.

    El último informe del IPCC establece que debemos reducir emisiones a la mitad para 2030. Las soluciones más efectivas y económicas son energía eólica y solar, mejorar eficiencia energética en edificios, preferir transporte público, y reducir consumo de carne. Como individuos podemos contribuir: evitar compras innecesarias, especialmente de envíos internacionales ineficientes, mejorar aislamiento térmico en hogares, y elegir gobernantes comprometidos con políticas climáticas serias.

  • En este fascinante episodio de Jugo de Ciencia, José Utreras y Elise Servajean exploran la pareidolia, ese fenómeno psicológico que nos hace ver caras, figuras y patrones donde realmente no existen. Desde el conejo en la Luna hasta la famosa cara en Marte, descubrimos por qué nuestro cerebro está programado para encontrar orden y significado en el caos.

    La conversación comienza con el conejo lunar, una imagen que innumerables civilizaciones han identificado a lo largo de la historia. En China, la leyenda cuenta que Chang'e vive en la Luna acompañada de su conejo Yutu, nombres que China usa hoy para sus misiones lunares. En Japón y entre los aztecas existen leyendas sorprendentemente similares sobre un conejo que se sacrificó por bondad y fue inmortalizado en la Luna por los dioses, demostrando que culturas separadas por océanos vieron las mismas figuras en nuestro satélite.

    Marte ha sido escenario de incontables pareidolias. La más famosa es la "cara en Marte" fotografiada en 1976, que algunas personas interpretaron como evidencia de una antigua civilización extraterrestre similar a las esfinges egipcias. Imágenes posteriores con mejor resolución revelaron que era simplemente un juego de luces y sombras sobre una formación rocosa. Hasta hoy siguen apareciendo noticias de personas que aseguran ver animales, personas caminando y todo tipo de objetos en fotografías marcianas.

    La ciencia detrás de la pareidolia es fascinante. Nuestro cerebro tiene un área especializada llamada "área fusiforme de las caras" que nos permite reconocer rostros con extraordinaria rapidez, una ventaja evolutiva crucial para la supervivencia. Esta habilidad nos permitía identificar rápidamente si un rostro era amigo o enemigo, leer emociones y detectar amenazas. Los primates también comparten esta capacidad, y existe evidencia de que nuestros ancestros australopitecus ya la poseían: el "canto de Makapansgat" es una roca con forma de cara encontrada en una cueva sudafricana, transportada allí hace millones de años, posiblemente el primer souvenir de la historia.

    Sin embargo, este sistema tan eficiente tiene un precio: genera errores. Nos cuesta diferenciar rostros con características a las que no estamos expuestos frecuentemente, vemos caras donde no las hay, y curiosamente, cuando identificamos rostros en pareidolias tendemos a verlos como masculinos cuatro veces más que femeninos, un sesgo que los investigadores aún no logran explicar completamente.

    La pareidolia también ocurre con sonidos. Las personas escuchan voces en ruido aleatorio, mensajes ocultos en canciones tocadas al revés, e incluso investigadores han creado experimentos donde audio de puro ruido es interpretado como viento, lluvia u otros sonidos familiares dependiendo del contexto.

    Este fenómeno tiene consecuencias serias en áreas como la paleontología, donde personas constantemente confunden rocas con fósiles. El caso más extremo fue el del investigador japonés Chonosuke Okamura, quien ganó un Ig Nobel por afirmar haber encontrado fósiles microscópicos de humanos, dinosaurios y hasta dragones en piedras, proponiendo que todo en el pasado era miniatura. La inteligencia artificial tampoco escapa: los algoritmos de reconocimiento facial cometen los mismos errores que nosotros, identificando rostros inexistentes según cómo fueron entrenados.

    Quizás lo más preocupante es el impacto en el sistema judicial. Los testimonios de testigos presenciales, fundamentales en muchos juicios, son notoriamente poco confiables debido a pareidolias visuales y auditivas, memoria maleable y sesgos de reconocimiento.

  • En este episodio de Jugo de Ciencia, José Utreras y Elise Servajean nos llevan por un recorrido histórico completo sobre nuestro satélite natural, desde las primeras observaciones hace 35,000 años hasta los albores de la era espacial. Descubrimos cómo la Luna pasó de ser considerada una deidad perfecta a convertirse en un objeto científico de estudio, revolucionando nuestra comprensión del cosmos en el proceso.

    La historia comienza con los primeros calendarios lunares de Babilonia, donde ya calculaban con precisión que 12 meses lunares equivalían a 354 días, añadiendo un mes extra periódicamente para sincronizar con el año solar. En un sistema refinado, añadían 7 meses cada 19 años para mantener la exactitud. Anaxágoras fue revolucionario al proponer en el siglo V a.C. que ni el Sol ni la Luna eran dioses, sino objetos físicos, una roca que reflejaba luz solar. Esta herejía le costó cara, pero abrió las puertas al pensamiento científico.

    Aristarco de Samos calculó hace 2,200 años el tamaño de la Luna comparándola con la Tierra usando eclipses, determinando correctamente que era aproximadamente un cuarto del tamaño terrestre y estaba a unas 30 veces el diámetro de la Tierra de distancia. Ya en el siglo I, Eratóstenes relacionó las dos mareas diarias con la posición de la Luna arriba y abajo del horizonte, aunque sin comprender el mecanismo. Esta conexión llevó a algunos a creer que la Luna afectaba los fluidos corporales, origen del mito de los "lunáticos".

    El telescopio de Galileo en 1600 cambió todo. Aunque Thomas Harriot fue el primero en observar y dibujar la Luna telescópicamente, Galileo —artista entrenado— produjo mapas detallados que revelaban cráteres, montañas y una superficie rugosa, destruyendo la idea aristotélica de perfección celestial. Galileo también notó la ausencia de nubes, concluyendo correctamente que había poca o ninguna agua. Johannes Kepler escribió "Somnium" en 1634, la primera obra de ciencia ficción lunar que curiosamente describía la falta de gravedad durante el viaje, un concepto sorprendentemente adelantado.

    La controversia sobre el origen de los cráteres dominó siglos de debate. William Herschel reportó en 1787 haber visto volcanes en erupción, interpretación que prevaleció a pesar de que Robert Hooke había demostrado experimentalmente en el siglo XVII que gotas sobre arcilla creaban formaciones idénticas a los cráteres lunares. El problema era que nadie imaginaba qué podría impactar la Luna si el espacio estaba vacío.

    En 1835 ocurrió el "Gran Engaño de la Luna" cuando el periódico New York Sun publicó seis artículos fraudulentos afirmando que John Herschel había descubierto océanos, bosques, animales y "hombres murciélago" (Batman) viviendo en ciudades amuralladas lunares. El público creyó la historia hasta que se reveló como invención de un reportero.

    La solución al enigma de los cráteres llegó finalmente de los geólogos. Robert Dietz publicó en 1946 un artículo demostrando que los cráteres lunares no se parecían en nada a volcanes terrestres, pero los astrónomos ignoraron la revista geológica. Fue Ralph Baldwin en 1949 quien convenció a la comunidad astronómica comparando cráteres lunares con cráteres de bombardeo de la Segunda Guerra Mundial, mostrando la misma relación entre profundidad y diámetro. Esta conexión entre ciencia y guerra finalmente cerró el debate centenario.

  • En este episodio de Jugo de Ciencia, José Utreras y Elise Servajean exploran la fascinante ciencia detrás de cómo percibimos los colores y por qué algunas personas ven el mundo de manera diferente. Desde los primeros experimentos de Newton hasta las tecnologías modernas que ayudan a personas daltónicas, descubrimos que la visión del color es mucho más compleja de lo que imaginamos.

    Los colores que vemos son solo una fracción diminuta del espectro electromagnético. Cuando Newton hizo pasar luz solar por un prisma en el siglo XVII, reveló que la luz blanca se descompone en todos los colores del arcoíris. Cada color corresponde a una longitud de onda diferente, y nuestros ojos detectan solo este pequeño rango "visible". Palmer propuso en 1777 la primera teoría tricromática, especulando que tenemos tres mecanismos de detección inspirándose en cómo se mezclan pigmentos para crear todos los colores.

    John Dalton fue el primero en estudiar científicamente el daltonismo en 1794, condición que hoy lleva su nombre. Él y su hermano confundían ciertos colores, especialmente bajo diferentes tipos de luz. Dalton documentó casos de unas 20 personas, todas hombres, notando el patrón hereditario. Creyó que el problema estaba en el humor vítreo del ojo actuando como filtro coloreado, por lo que donó sus ojos a la ciencia. Tras su muerte, el análisis demostró que estaba equivocado, pero su contribución fue descartar una hipótesis importante.

    Thomas Young propuso a principios del 1800 que tenemos tres tipos de receptores para rojo, amarillo y azul, argumentando inteligentemente que sería imposible tener un receptor para cada color infinito del espectro. En 1850 se refinó esto a rojo-verde-azul (RGB), los colores primarios de luz que usan nuestras pantallas. James Clerk Maxwell formalizó matemáticamente estas mezclas usando discos giratorios con segmentos de colores que, al rotar rápidamente, engañaban al ojo para ver colores uniformes.

    Lord Rayleigh inventó en 1881 el anomaloscopio, descubriendo con sus cuñados que las personas daltónicas pueden ver amarillo, pero necesitan proporciones diferentes de rojo y verde para percibirlo. Esto reveló que existen distintos tipos de daltonismo, no una sola condición. En 1876, las leyes de Horner establecieron los patrones hereditarios: padres daltónicos tenían hijas con visión normal pero nietos daltónicos, un patrón confuso hasta que Edmund Wilson descubrió en 1911 que el gen está en el cromosoma X y es recesivo. Como los hombres tienen solo un X, si ese cromosoma porta el gen, tienen daltonismo. Las mujeres necesitan el gen en ambos X para expresarlo, por eso es mucho menos común en ellas.

    En 1956, Gunnar Svaetichin descubrió los conos en la retina de peces, células sensibles a tres rangos de luz, ganando el Nobel en 1967. También encontró que neuronas preprocesaban estas señales antes de llegar al cerebro, explicando la teoría de "colores opuestos". En los años 80 se aislaron los genes responsables, revelando que la visión tricromática surgió de una mutación que duplicó el receptor verde, ventaja evolutiva para detectar fruta madura.

    Existen múltiples tipos de daltonismo: deuteranomalía (dificultad con verde, afecta 5% de hombres), protanopia (ausencia de receptores rojos), tritanopia (problemas con azul, rarísima), y casos extremos de visión monocromática o acromática. Hoy existen lentes especiales que filtran luz para ayudar a diferenciar colores, y monitores adaptados para personas daltónicas, demostrando cómo la tecnología puede mejorar la accesibilidad visual.

  • En este inquietante episodio de Jugo de Ciencia, José Utreras y Elise Servajean exploran las múltiples maneras en que podría terminar todo: desde la humanidad hasta el universo mismo. Desde predicciones apocalípticas históricas hasta los escenarios científicos del destino final del cosmos, descubrimos que el fin ha obsesionado a la humanidad durante siglos.

    La historia está llena de predicciones fallidas. En 1588, el astrónomo Regiomontano pronosticó el fin por una conjunción planetaria. En 1773, el rumor de que Jerôme Lalande había calculado la colisión de un cometa con la Tierra causó pánico en París, aunque solo era un malentendido sobre una charla pospuesta. El cometa Halley generó terror en 1910 cuando Camille Flammarion advirtió que su cola nos asfixiaría, llevando a charlatanes a vender "pastillas anticometa". Las alineaciones planetarias siguen siendo culpables frecuentes: en 1982, el astrofísico John Gribbin predijo terremotos catastróficos por una alineación, teoría que luego lamentó profundamente.

    Pero existen amenazas reales que científicos estudian actualmente. El "Doomsday Clock" o Reloj del Fin del Mundo rastrea riesgos como guerra nuclear, pandemias, cambio climático y supervolcanes. Investigadores como Anders Sandberg del Instituto del Futuro de la Humanidad en Oxford analizan eventos de baja probabilidad pero alto impacto, desde tormentas solares que destruirían nuestra tecnología hasta asteroides. En 1.3 millones de años, la estrella Gliese 710 perturbará la nube de Oort enviando cometas hacia el sistema solar interior.

    El destino de la Tierra está sellado por el Sol. En mil millones de años, su brillo aumentará 10% volviendo inhabitable nuestro planeta. En 5 mil millones de años, el Sol se convertirá en gigante roja, posiblemente devorando la Tierra o dejándola como roca estéril. Antes, un supervolcán podría extinguir la vida en solo un millón de años.

    La galaxia tampoco es eterna. En 4 mil millones de años, Andrómeda colisionará con la Vía Láctea en un "baile" cósmico donde las estrellas raramente chocan pero la estructura se transforma. En 150 mil millones de años, la expansión del universo habrá alejado tanto las galaxias que un Hubble Deep Field mostraría solo oscuridad total, borrando toda evidencia del Big Bang. Las futuras civilizaciones nunca sabrían que hubo un universo más allá de su galaxia local.

    El destino final es la "muerte térmica": en un gúgol de años (10^100), los últimos agujeros negros se evaporarán por radiación de Hawking, dejando un universo de partículas dispersas sin energía útil para generar trabajo. Alternativamente, el "Big Rip" podría desgarrar el universo en solo 22 mil millones de años si la energía oscura se acelera descontroladamente, desintegrando galaxias, luego sistemas solares, y finalmente planetas y átomos en los últimos 30 minutos antes del fin absoluto.

  • En este revelador episodio de Jugo de Ciencia, José Utreras y Elise Servajean cuentan las historias de dos científicas brillantes que merecían el Premio Nobel pero nunca lo recibieron: Lise Meitner y Rosalind Franklin. Estas mujeres revolucionaron la física nuclear y la biología molecular, pero fueron injustamente relegadas por sus colegas masculinos.

    Lise Meitner nació en Austria en 1878 en una familia que, inusualmente para la época, apoyaba la educación superior de sus hijas. Aunque las leyes austriacas prohibían a las mujeres asistir a educación secundaria, en 1899 el gobierno permitió que rindieran exámenes de admisión universitaria. Con ayuda de un tutor privado, Lise ingresó a la Universidad de Viena en 1901, una de solo cinco mujeres. Se doctoró en física en 1906 con honores, pero sin oportunidades laborales reales.

    En Berlín conoció a Otto Hahn, químico que estudiaba radioactividad. Aunque el director Emil Fischer prohibía mujeres en su laboratorio, accedió a que trabajaran en el sótano donde Lise ni siquiera podía usar el baño del edificio. Entre 1908-1909 publicaron nueve artículos juntos. Durante la Primera Guerra Mundial, Lise sirvió como técnica de rayos X mientras continuaba experimentos que culminaron en el descubrimiento del protactinio. Aunque ella hizo el trabajo prácticamente sola, siempre incluyó a Hahn como coautor por inseguridad y porque él tenía más influencia académica.

    En los años 30 competían ferozmente por sintetizar elementos más pesados que el uranio. Pero siendo judía, Lise debió escapar de Alemania nazi en 1938. Desde el exilio en Suecia, guió por correspondencia los experimentos de Hahn. Cuando finalmente identificaron bario tras bombardear uranio con neutrones, Hahn publicó sin incluirla. Lise y su sobrino Otto Frisch explicaron teóricamente el fenómeno: la fisión nuclear, calculando la energía masiva liberada. Niels Bohr divulgó esto antes de su publicación, atribuyendo todo a Hahn. En 1944, Hahn recibió el Nobel de Química solo, negando completamente la contribución de Lise e incluso afirmando que la física había "entorpecido" el descubrimiento.

    Rosalind Franklin nació en Londres en 1920 en familia acomodada. Brillante y argumentativa desde niña, ingresó a Cambridge contra la voluntad de su padre. Se especializó en cristalografía de rayos X, técnica para revelar estructuras atómicas. En 1951 llegó al King's College para estudiar ADN, pero el director John Randall creó un conflicto al no informar a Maurice Wilkins que ella lideraría esa investigación. La famosa "Foto 51" de Franklin mostró claramente la estructura helicoidal del ADN. Wilkins, resentido, mostró esta imagen y los reportes de Franklin a Watson y Crick en Cambridge sin su conocimiento. Ellos escribieron su artículo usando datos robados. En 1953 Nature publicó tres papers: Watson-Crick primero, Wilkins segundo, Franklin tercero. Ella murió de cáncer en 1958 sin saber del fraude. En 1962, Watson, Crick y Wilkins ganaron el Nobel de Medicina. Ni Watson ni Crick la mencionaron en sus discursos.

  • En este episodio de Jugo de Ciencia, José Utreras y Elise Servajean analizan los ganadores del Premio Nobel 2021 en ciencias, explorando tanto los descubrimientos galardonados como las controversias que rodean estos prestigiosos reconocimientos.

    El Premio Nobel nace del testamento de Alfred Nobel, inventor de la dinamita y fabricante de armamento cuyo hermano murió en un accidente con nitroglicerina. Tras ser llamado erróneamente "mercante de la muerte" en un obituario equivocado, Nobel destinó su fortuna a premiar descubrimientos que beneficien a la humanidad en física, química, medicina, literatura y paz. Aunque originalmente debía premiarse el descubrimiento "del año anterior", esto cambió tras un error garrafal: otorgaron el Nobel a alguien que afirmó curar el cáncer con un parásito, descubrimiento posteriormente refutado.

    El Nobel de Química 2021 fue para Benjamin List y David McMillan por crear la organocatálisis asimétrica, una herramienta "verde" para construir moléculas usando catalizadores orgánicos pequeños con nitrógeno en lugar de metales pesados contaminantes. List demostró que el aminoácido prolina podía catalizar reacciones sin necesitar enzimas completas, mientras McMillan desarrolló moléculas simples que evitan la oxidación problemática de catalizadores metálicos. Crucialmente, este método produce la quiralidad correcta de moléculas: versiones "espejo" de compuestos pueden ser letales, como el sedante que en 1956 causó deformaciones congénitas por usar la orientación molecular errónea.

    El Nobel de Física reconoció a Syukuro Manabe, Klaus Hasselmann y Giorgio Parisi por comprender sistemas físicos complejos. Manabe demostró cómo el CO2 aumenta la temperatura terrestre usando transferencia radiativa, técnica astronómica aplicada al clima. Hasselmann conectó modelos climáticos con observaciones, vinculando clima con meteorología y probando que el aumento de CO2 humano causa calentamiento global. Parisi descubrió patrones ocultos en sistemas aparentemente caóticos, desde escala atómica hasta planetaria, proporcionando la teoría fundamental que sustenta el modelado climático. Este Nobel confirma científicamente nuestra responsabilidad en el cambio climático.

    El Nobel de Medicina fue para David Julius y Ardem Patapoutian por descubrir receptores de temperatura y tacto. Julius usó capsaicina de ajíes picantes para identificar genes que detectan calor extremo, mientras que con mentol halló los receptores de frío. Patapoutian descubrió los canales PIEZO que detectan presión mecánica, cruciales para percibir tacto, posición corporal, presión sanguínea y hasta las ganas de orinar. Estos hallazgos prometen tratamientos para dolor crónico.

    El episodio cierra abordando la controversia de diversidad: estudios muestran 96% de probabilidad de sesgo contra mujeres en los Nobel. Aunque en 2020 Emanuel Charpentier y Jennifer Doudna ganaron por CRISPR y Andrea Ghez por fotografiar el agujero negro de la Vía Láctea, la subrepresentación persiste. El problema es estructural: menos mujeres lideran laboratorios, toman menos riesgos por responsabilidades familiares, y el premio refuerza estereotipos del "científico genio solitario" cuando la ciencia es colaborativa. Entregar premios a equipos completos diversificaría naturalmente el reconocimiento.

  • Elise Servajean y José Utreras (Planeta Errante) presentan la historia completa del descubrimiento de las estrellas de neutrones, desde los primeros modelos atómicos hasta las observaciones más recientes.

    El episodio comienza con Ernest Rutherford en los años 20, quien descubre que el átomo es mayormente vacío. James Chadwick descubre el neutrón en 1932, lo que permite a Fritz Zwicky proponer en 1933 que las supernovas podrían formar estrellas de neutrones en su núcleo, objetos tan densos que ocuparían todo el espacio vacío del átomo.

    Lev Landau desarrolla la idea del núcleo de neutrones como fuente de energía estelar, aunque su modelo resulta incorrecto. Robert Oppenheimer y sus estudiantes demuestran que las estrellas de neutrones tienen límites de masa específicos, más allá de los cuales colapsan en agujeros negros.

    La evidencia observacional llega en 1967 cuando Jocelyn Bell descubre el primer pulsar. Los pulsares son estrellas de neutrones altamente magnetizadas que giran rápidamente, emitiendo pulsos regulares de ondas de radio. Franco Pacini había predicho este comportamiento ese mismo año.

    El episodio cubre descubrimientos posteriores: el pulsar en la nebulosa del Cangrejo (1969), los glitches en la rotación de pulsares, la primera binaria de pulsar-estrella de neutrones que proporciona evidencia indirecta de ondas gravitacionales (1974), pulsares de milisegundos (1982), pulsares viuda negra, magnetares (1998) y la primera binaria con dos pulsares.

  • Elise Servajean y José Utreras presentan los premios IgNobel 2021, galardones que reconocen investigaciones científicas que primero hacen reír y luego pensar.

    La ceremonia del 9 de septiembre se realizó online por segundo año consecutivo debido a la pandemia, con el tema "ingeniería". Los ganadores recibieron un PDF para imprimir un engranaje con dientes dibujados y un billete de 10 trillones de dólares de Zimbabue.

    Premio de Biología: Susan Schötz (Suecia) por analizar variaciones en la comunicación gato-humano, estudiando ronroneos, maullidos, gruñidos y otros sonidos mediante análisis fonético.

    Premio de Ecología: Equipo de España por identificar especies de bacterias en chicles pegados en aceras de cinco países usando análisis genético.

    Premio de Química: Equipo europeo por analizar el aire en cines, detectando moléculas liberadas por el público según el contenido de las películas (violencia, escenas sexuales, suspenso).

    Premio de Economía: Pablo Blavatskyy por descubrir que la obesidad de políticos en países postsoviéticos correlaciona con la corrupción del país.

    Premio de Medicina: Equipo de Alemania, Turquía y Reino Unido por demostrar que los orgasmos sexuales descongestionan la nariz tan efectivamente como las medicinas.

    Premio de la Paz: Equipo de Estados Unidos por comprobar que las barbas absorben 37% de la energía de golpes en la cara.

    Premio de Física: Equipo internacional por estudiar por qué los peatones no chocan constantemente entre sí.

    Premio de Cinética: Equipo de Japón, Suiza e Italia por estudiar que los peatones a veces sí chocan, especialmente cuando usan celular.

    Premio de Entomología: Equipo de Estados Unidos por desarrollar métodos para controlar cucarachas en submarinos (investigación de 1971).

    Premio de Transporte: Equipo internacional por determinar que transportar rinocerontes colgados cabeza abajo desde helicópteros es seguro.