Avsnitt

  • ¿Te comparas constantemente con otras personas cuando hablas en público? ¿Sientes que los demás comunican mejor, tienen más seguridad o más carisma que tú? En este episodio de Comunicando Ando, Marina Estacio reflexiona sobre cómo la comparación afecta directamente a nuestra seguridad al comunicar, nuestra oratoria y nuestra manera de expresarnos frente a otros.

    A través de una anécdota tan divertida como reveladora ocurrida en un casting, descubrirás por qué cuando nos comparamos entramos en un estado de inseguridad, tensión y carencia que empobrece nuestras habilidades comunicativas y nuestras presentaciones en público.

    Hablamos de:

    Cómo la comparación afecta a tu comunicación verbal y no verbal Por qué pierdes naturalidad al intentar parecerte a otros La relación entre inseguridad, voz, lenguaje corporal y exposición pública Cómo fortalecer tu confianza al hablar en público La importancia de desarrollar tu propio estilo de comunicación Cómo comunicar desde tu autenticidad sin sentirte menos que los demás

    Si quieres mejorar tu expresión oral, ganar confianza en reuniones, conferencias o exposiciones y aprender a comunicar con más seguridad y autenticidad, este episodio es para ti.

    🎙️ Dale al play y descubre por qué la clave no está en compararte con otros, sino en reforzar tu propio valor al comunicar.

  • ¿Terminas una presentación pensando que lo has hecho fatal, aunque los demás te feliciten? En este episodio de Comunicando Ando, Marina Estacio te cuenta por qué grabarte en vídeo es una de las mejores herramientas para mejorar tus presentaciones en público y tus habilidades de oratoria.

    Aprenderás a evaluar con más objetividad aspectos como tu oratoria, tu lenguaje corporal, el uso de la voz, la dicción, las muletillas, la postura, los gestos o la forma en la que conectas con la audiencia. En definitiva, todas las herramientas de comunicación verbal y no verbal.

    Muchas veces los nervios y por ende, nuestra inseguridad, distorsionan nuestra percepción y creemos que hemos fallado. Pero cuando te ves en cámara puedes detectar fortalezas, corregir errores y avanzar con mayor seguridad al hablar en público.

    Si quieres mejorar tu expresión oral, ganar confianza, potenciar tu presencia escénica y comunicar con impacto en reuniones, conferencias o exposiciones, este episodio es para ti.

    🎙️ Dale al play y descubre cómo un vídeo puede transformar tu manera de comunicar.

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  • Las palabras no solo describen tu realidad. La crean

    Cada vez que hablamos, no solo comunicamos: programamos. Programamos nuestra mente, nuestras decisiones y, en última instancia, nuestro comportamiento.

    Las palabras que utilizamos cada día no son inocentes. No son solo una forma de expresarnos, son la base sobre la que construimos nuestra realidad.

    En este episodio de Comunicando Ando hablamos del poder del lenguaje en tu vida cotidiana: cómo pequeñas diferencias en la forma de decir las cosas pueden marcar una gran diferencia en lo que haces (o dejas de hacer).

    Porque no es lo mismo decir "lo intentaré" que decir "lo hago".
    No es lo mismo hablar desde la duda que desde el compromiso.
    Y no es lo mismo describir lo que quieres que definir lo que realmente haces.

    A través de ejemplos simples pero muy reveladores, exploramos cómo tu manera de hablar influye directamente en tus decisiones, en tu disciplina y en la identidad que construyes día a día.

    Un episodio para escucharte mejor, hablarte mejor y, en consecuencia, vivir mejor.

    Porque quizá no te estás dando cuenta, pero cada frase que dices puede estar acercándote, o alejándote, de aquello que quieres realizar.

  • El inconformismo como acto comunicativo: El músculo olvidado de la comunicación

    En Comunicando Ando hoy quiero invitarte a una pequeña incomodidad: la de ser inconformista con tu manera de comunicar.

    Vivimos aferrados a fórmulas que alguna vez funcionaron. Frases hechas, estructuras repetidas, maneras de decir que ya conocemos de memoria. Y claro, funcionan… o funcionaron. Pero que algo haya funcionado en el pasado no significa que deba acompañarnos para siempre. En comunicación, la comodidad es una trampa silenciosa.

    El ser humano, seamos honestos, es vago por naturaleza. Nuestro cerebro busca atajos, automatiza, repite. Y eso es útil para sobrevivir, pero peligroso para comunicar. Porque cuando dejamos de cuestionar cómo decimos las cosas, dejamos también de crecer. Por eso es tan importante retarnos desde el punto de vista comunicativo: probar otras palabras, otros tonos, otras estructuras; atrevernos a salir del guion.

    La comunicación no es solo algo funcional. No es únicamente transmitir información y ya está. Es una habilidad viva, en constante construcción, que se desarrolla a lo largo de toda la vida. Igual que aprender un idioma. Nadie diría: "ya sé suficiente inglés, no necesito mejorar más". Entonces, ¿por qué pensamos eso de nuestra forma de comunicarnos?

    Ser inconformista al comunicar es aceptar que siempre podemos hacerlo mejor. Que siempre hay más matices, más escucha, más intención. Es elegir el esfuerzo consciente frente a la repetición automática. Apelar, en definitiva, a la filosofía del esfuerzo: esa que nos recuerda que lo valioso no suele ser lo más fácil, pero sí lo más transformador.

    Comunicar mejor no es llegar antes, es llegar más lejos. Y para eso, a veces, hay que incomodarse un poco. Bienvenido a ese camino.

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    ¡Me encantará que viajemos juntos/as por el camino de la comunicación, que, en definitiva, es un camino de vida!

  • Cuando te escucho, te veo. La otra mitad de la comunicación

    En Comunicando Ando hoy quiero hablar de algo que usamos todos los días, pero practicamos muy poco: la escucha.

    Escuchar de verdad es una de las formas más potentes —y más olvidadas— de comunicar. Porque escuchar no solo fortalece vínculos, también despierta buenas sensaciones, nos permite aprender y nos ayuda a conocer mejor a la otra parte. Cuando escuchamos, no solo recibimos información: construimos relación.

    Y aquí va una idea clave: la escucha no es pasiva. No es quedarse en silencio esperando nuestro turno para hablar. La escucha es activa porque moldea nuestra comunicación. Cambia cómo respondemos, qué preguntamos, qué tono usamos. Y, además, tiene un efecto casi mágico: invita a la otra persona a contar más, a abrirse, a profundizar.

    Escuchar es un acto de voluntad. Nadie escucha bien por accidente. Escuchamos bien cuando decidimos hacerlo. Y eso hoy es especialmente difícil, porque vivimos en tiempos de multitarea permanente, de prisas, de notificaciones, de medias atenciones. Escuchamos mientras miramos una pantalla, mientras pensamos qué vamos a decir después, mientras estamos en otra cosa. Y eso, aunque no lo digamos, se nota.

    Cuando escuchamos de verdad, vemos —en sentido metafórico— a la otra persona. Le estamos diciendo sin palabras: me importas. Y ese mensaje tiene un impacto enorme, porque a todos nos gusta sentirnos vistos, reconocidos, tenidos en cuenta.

    Escuchar bien no nos quita tiempo, nos lo devuelve en forma de confianza, conexión y conversaciones más honestas. Tal vez comunicar mejor no tenga tanto que ver con hablar más claro, sino con escuchar más profundo. Y quizá ahí empiece todo lo demás.

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  • Si hablar en público te pone nervioso: gran recomendación antes de salir a escena

    En este episodio de Comunicando Ando hablamos de la incompatibilidad de experimentar nervios al hablar en público y la tentación de cambiar todo en el último momento. La preparación, el ensayo y el trabajo previo no solo ordenan nuestras ideas, también construyen confianza.

    La comunicación es un ser vivo y por supuesto, puede ser modificada en el momento de hacer una presentación en público. El desafío está en que, si ese cambio lo hago en el último momento, apenas el instante antes de empezar a hablar, lo normal es que el resultado no sea el esperado puesto que estoy tratando de comunicar una idea no afianzada desde un estado de falta de confianza, lo que a su vez, se traduce en más inseguridad.

    Por eso, hoy reflexionamos sobre la importancia de confiar en lo que ya hemos preparado. Y si realmente es necesario hacer un cambio, una buena estrategia puede ser anotarlo y leerlo, en lugar de improvisar. Preparar no es rigidez: es la base para comunicar con calma, seguridad y coherencia.

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  • ¿Tus discursos los escribe ChatGPT?: la IA te puede inspirar, pero no habla por ti

    ¿Cómo comunicamos en tiempos de inteligencia artificial? En este episodio reflexionamos sobre el impacto que tienen herramientas como ChatGPT en la creación de discursos, presentaciones e ideas. Porque sí: la IA puede inspirarnos y ayudarnos a pensar desde ángulos que no habíamos considerado… pero no puede hablar por nosotros.

    En Comunicando Ando exploramos los desafíos actuales de la comunicación en una era en la que herramientas como ChatGPT se han vuelto parte del día a día. Hablamos de cómo estas tecnologías pueden ser grandes aliadas para inspirar, generar ideas y enriquecer nuestros discursos, pero también de los riesgos de depender demasiado de ellas

    Analizamos por qué repetir de forma literal lo que sugiere una herramienta digital puede restarle autenticidad a nuestro mensaje y desconectarnos de nuestra audiencia. Reflexionamos sobre cómo mantener la autenticidad, cómo hacer que las palabras realmente nos representen y cómo lograr que la tecnología sume sin reemplazar nuestra voz.

    El discurso es y debe ser nuestro. Ese es el único camino para defender tus ideas con naturalidad.

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  • Principio y final: los dos momentos clave al hablar en público (para no perder al público)

    ¿Alguna vez te fuiste de una charla mentalmente a los 30 segundos de empezar? ¿O saliste de una presentación con la sensación de "pues vaya…" por culpa de un cierre flojo? No estás solo. Y no es casualidad.

    En este episodio exploramos la importancia del principio y el final en cualquier exposición en público, dos momentos cruciales que determinan si el público se engancha… o desconecta. Hablamos de errores comunes (sí, ese clásico "bueno… esto… vamos a empezar") y de cómo evitar cierres que suenan más a huida que a conclusión.

    Aprende a captar la atención desde el primer segundo y a cerrar con impacto, como el último tema de un concierto. Porque improvisar está bien… pero no cuando te estás jugando tu credibilidad.

    🎧 Ideal para: ponentes, docentes, profesionales, estudiantes y cualquier persona que quiera comunicar mejor y dejar huella.

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  • "Zona de confort"… ¿Cuántas veces la has escuchado esta semana? ¿Y cuántas veces ha dicho realmente algo?

    En este episodio hablamos de esas expresiones que alguna vez fueron potentes, pero que hoy suenan a frase de libro de autoayuda mal traducido. Términos que se usan tanto que se vacían, se convierten en clichés, en ruido. Palabras manoseadas, prostituidas, que ya no significan nada... pero seguimos repitiéndolas como si aún lo hicieran.

    Reflexionamos sobre el lenguaje que pierde profundidad, sobre cómo ciertas frases pasan de ser reveladoras a convertirse en muletillas que empobrecen nuestro discurso. ¿Qué hacemos cuando una palabra ya no conecta con lo que sentimos o pensamos? ¿Cómo recuperamos autenticidad en lo que decimos?

    🔍 Si te interesa la comunicación consciente, el poder real de las palabras y cómo evitar los atajos del discurso vacío, este episodio es para ti.

    🧠 Renueva tu vocabulario. Saca de tu lenguaje lo que ya no vibra. Y encuentra formas nuevas de decir lo que de verdad quieres decir.

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  • Donde el lenguaje da forma al mundo

    Las palabras generan contornos en la realidad

    ¿Hasta qué punto el lenguaje define la realidad que habitamos? En este episodio reflexiono sobre el poder que tienen las palabras para dibujar los contornos del mundo que compartimos.

    La finalidad de las palabras es la de generar contornos en la realidad. Encapsulan la realidad. Actúan como pompas de jabón, que cercan un espacio, excluyendo todo lo que hay fuera de él. Lo que contiene esa burbuja es lo que realmente queremos expresar. ¿No te parece sugerente, preciosa esta idea? A mí desde luego sí.

    En este episodio hablo de la importancia de escoger con precisión las palabras, porque cada término es una herramienta que moldea nuestra forma de pensar, de sentir y de conectar con otros. Cuando usamos palabras imprecisas, contamos versiones distorsionadas de nuestras propias historias. Y cuando el lenguaje no alcanza, el silencio se convierte en un refugio que lo contiene todo.

    Una invitación a repensar cómo usamos el lenguaje, cómo construimos nuestras realidades a través de él, y cómo a veces, entre palabra y palabra, habita lo que realmente queremos decir.

    Si te interesa la comunicación consciente, el lenguaje como herramienta de transformación y las emociones que se esconden entre líneas, este episodio es para ti.

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  • ¡Se me fue la idea! Qué hacer (y qué no) cuando olvidas algo en una exposición.

    ¿Y ahora qué digo? Cómo salir airoso cuando olvidas algo clave en una exposición

    Has preparado tu exposición con mimo. Has ensayado. Tienes claro el mensaje. Y llega el momento. Estás en mitad del escenario, frente al público, y dices con seguridad:
    "Me gustaría compartir con vosotros una frase del gran…"

    Y entonces…
    ¡Fundido en negro!
    La frase desaparece de tu mente como por arte de magia. Ni rastro. No la tienes anotada. No logras reproducirla. ¿Y ahora qué?

    En este episodio hablamos de ese momento que nadie desea pero que a todos nos puede pasar. Porque sí: aunque lleves tu discurso perfectamente preparado, la perfección no está garantizada. La mente a veces juega malas pasadas. ¿Lo importante? Saber reaccionar.

    👉 Te contamos:

    Por qué olvidar no siempre es señal de mala preparación. Qué hacer cuando no recuerdas una cita, una idea o un dato clave. Cómo avanzar sin que el olvido arruine tu intervención. Cuándo soltar el perfeccionismo y dejar paso a la espontaneidad.

    A veces nos exigimos tanto que olvidamos lo esencial: comunicar desde el sentido común y la conexión real con quienes nos escuchan.

    No se trata de ser infalible, sino de ser auténtico, flexible y profesional. Y sí, incluso cuando olvidamos… podemos dejar huella.

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  • CUANDO HABLAR EN PÚBLICO TE DEJA SIN PALABRAS (LITERALMENTE)

    Cuando el miedo nos quita las palabras

    ¿Te ha pasado alguna vez que estás hablando —en una reunión, una entrevista, una presentación— y de pronto… te quedas sin palabras? No porque no tengas nada que decir, sino porque no encuentras cómo decirlo. El vocabulario se te encoge. Las ideas están, pero no fluyen. Y lo peor: eres consciente de ello mientras sucede.

    Cuando estamos nerviosos, entramos en modo supervivencia. Nuestro cuerpo, nuestra mente y hasta nuestro lenguaje se reducen a lo básico. Perdemos precisión, matices, riqueza expresiva. Y eso, en contextos clave, puede marcar la diferencia entre conectar... o quedarnos a medias.

    En este episodio hablamos de:

    Por qué los nervios reducen nuestro vocabulario. Cómo esto afecta nuestra capacidad de expresarnos y hacernos entender. Qué papel juegan la confianza, la preparación y un léxico amplio. Y qué hacer cuando, aun así, las palabras se nos resisten.

    Un episodio para todas las personas que alguna vez se han sentido atrapadas dentro de su propia voz y quieren volver a expandirse.

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  • En el episodio anterior estuvimos hablando de cómo convertir los mensajes que trasladamos, en "lorza" para el interlocutor. Y hablamos de la importancia de utilizar palabras y/o expresiones que despierten algún tipo de sensación, a través de "las ideas transparencia".

    Hoy, en la línea de seguir aumentando el volumen lorcero, voy a centrarme en otro punto fundamental para poner en valor nuestra información.

    ¿Qué podemos hacer para que un mensaje pase de lo plano a lo profundo? Hacernos buenas preguntas.

    Te pongo un ejemplo:

    Imagínate que te pregunto ¿tú a qué te dedicas? Y empiezas a decirme un listado de funciones que llevas a cabo. Ojo, no digo que esté mal, solo digo que eso es la lista de la compra. No conecto. ¿Y sabes qué? Que tú tampoco.

    En cambio, si yo empiezo a hacerme preguntas del tipo:

    - ¿Qué supone mi trabajo? - ¿Qué valor aporta mi trabajo a la organización, sociedad, o ámbito de actuación X? - ¿Qué pasaría si nadie llevase a cabo mi trabajo? ¿cómo se modificaría la realidad?

    O, por ejemplo, cuando arrojo un dato: ¿qué implica ese dato? ¿Puedo ponerlo en contexto para que se entienda mejor? ¿Puedo compararlo con algo para que llegue de forma más efectiva y se recuerde?

    Dicho de otra manera, necesitamos hacernos preguntas para ver lo que hay al otro lado de la información. Una información de la que van saliendo nuevas ramas, nuevas hojas, nuevas conexiones. Eso es lo que me permite poner en valor la información. Saber hacerme preguntas.

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  • ¿Qué sientes cuando lees el prospecto de un medicamento? ¿Se te disparan las emociones? ¿Entras en un estado de conexión profunda con el texto? Por supuesto habrá gente que sí, pero honestamente, la mayor parte de las personas no lo vivimos de esta manera.

    Cuando uno lee un prospecto, la información es la que es, es plana, no hay dobleces, no hay sutilezas, no hay posibles dobles interpretaciones. De hecho, ese es el objetivo de este tipo de textos. Dar información concisa, precisa y que no lleve a equívocos.

    ¿Esto está mal? ¡En absoluto! De hecho, este tipo de información es necesaria en muchos contextos.

    Ahora bien, si lo que queremos es ir un paso más allá, inspirar, conectar de verdad con el otro, ser capaces de despertar sensaciones… por ejemplo al hacer exposiciones en público… no podemos quedarnos en la información plana. Al menos no todo el rato. Porque si no, acabamos hablando como si dijésemos la lista de la compra. Porque ese contenido saldrá por tu boca, llegará al interlocutor (si llega…) y según entre, tienes altas probabilidades de que la información salga expulsada. Es como las toxinas que elimina el cuerpo.

    ¿Qué prefieres, que tu mensaje según llegue sea eliminado o que se amarre al interlocutor cual lorza rebelde? Yo quiero que mis mensajes, se conviertan en lorza. Que se queden a vivir, al menos durante un tiempo, en el interlocutor. Y para que eso ocurra, tengo que dar profundidad a los mensajes.

    ¿Cómo podemos conseguir esta profundidad? A través de diferentes caminos. Hoy me centraré en uno de ellos: las ideas "transparencia". Este concepto no lo busques en internet porque es de cosecha propia "Cosechas Estacio SA".

    Las ideas "transparencia" son aquellas que permiten acceder a más contenido, a más ideas, a más sensaciones… por las que de alguna manera nos podemos asomar. Es como si fuera un iceberg.

    Por ejemplo, ¿no te parece maravilloso cuando lees una frase o te dicen algo y de pronto ese mensaje te conecta con muchas ideas, sensaciones incluso…? Son aquellas ideas, palabras, tras las cuales se esconden muchos matices. Respiran. Y a través de esa respiración, transparentan sutilezas. Son esas ideas por las que te asomas por los cuatro costados y ves que hay contenido.

    Hay palabras que de alguna manera actúan de "cestas". Cestas que están llenas de sensaciones, que te hacen, por un lado, entender perfectamente el mensaje y, al mismo tiempo, te permiten casi te diría "verlo", "olerlo", "masticarlo", "sentirlo".

    Entiendo que cada uno de nosotros tenemos una manera de comunicarnos. Un estilo. Pero también pienso que es importante hacer pequeñas concesiones y esfuerzos y tratar de incorporar, de trufar aunque sea mínimamente, nuestro discurso, nuestras exposiciones en público y discursos, de elementos más sensoriales que de alguna manera permitan poner en funcionamiento la parte más creativa y sensorial del interlocutor.

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  • Ya hemos hablado en capítulos anteriores de la importancia del silencio. Esa herramienta que, entre otras cuestiones, nos permite darnos espacio para pensar lo que queremos decir, para dar tiempo para que los demás procesen, para identificar las reacciones de la gente, para generar expectación, para, como hablábamos en el capítulo anterior, dar espacio a la escucha real…

    Sin embargo, hoy me gustaría hablar de una máxima del silencio que es:

    "El silencio lo contiene todo: lo que es y lo que no es"

    ¿Qué quiero decir con esto? Que:

    - Cuando no contestamos al otro - Cuando callamos - Cuando no damos la información necesaria - Cuando ofrecemos información en la que faltan detalles importantes y determinantes

    - Es decir, cuando lo que ofrecemos es el silencio, la personita que esté al otro lado ¿sabes lo que va a hacer? ¡Rellenarlo! Si no tiene la oportunidad de preguntar o, incluso teniendo la oportunidad de hacerlo, pero decide no, lo rellenará. Meterá contenido en esos espacios en blanco.

    Esto es por tanto lo que hacemos:

    1- Rellenamos

    2- Rellenamos con el contenido que más nos gusta, que más encaja con nuestra manera de pensar. Qué más confirma nuestras creencias, sesgos…

    ¡Qué peligro tiene esto! ¿Te das cuenta de que el silencio lo contiene todo? Porque el interlocutor puede interpretar lo que realmente es, pero también lo que no es.

    Estamos dejando en manos del interlocutor que saque sus propias conclusiones.

    Obviamente actúa como quieras, como te dé la gana. Pero al menos ten en cuenta que aquello que no digas, el otro lo completará a su manera.

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  • La comunicación no es, o no debería ser, un acto unidireccional. Al otro lado hay personas que reciben nuestros mensajes, que nos trasladan otros y que, por tanto, nos modifican los nuestros. La comunicación, como siempre digo, es algo que está vivo.

    Precisamente para que la comunicación sea un ser vivo y no un fósil, necesitamos del otro y para ello, hemos de construir uno de los puentes más robustos que nos permitirán conectar. El puente de la ESCUCHA.

    Escuchar no es poner el oído y quedarnos en modo encefalograma plano, ese que tan solo nos permite quedarnos con el significado más básico de las palabras. Escuchar es hacerlo con todos nuestros sentidos. Es escuchar lo que es y lo que no es. Es tratar de conectar con el significado y sentido más amplio de las palabras que salen de boca de nuestro interlocutor.

    Sentirnos verdaderamente escuchados es uno de los mayores regalos que nadie nos puede hacer. Cuando escuchamos de verdad al otro, es como si detuviésemos el tiempo, como si abriésemos un paréntesis en nuestras vidas para meternos en una burbuja con otra persona o personas.

    Son muchas las cosas que se podrían decir de la escucha. Hoy me centraré en uno de los mayores detractores de esta importante habilidad. Y es la anticipación. Cuántas veces alguien nos está contando algo y antes de que termine ya le hemos interrumpido, porque creemos saber perfectamente lo que nos quiere decir. Sacamos conclusiones anticipadas. Y al hacerlo, cuántas veces nos equivocamos en nuestra conclusión y cuántas veces (todas) hacemos sentir fatal al otro por haberle interrumpido.

    Cuando escuchas de verdad, resignificas el mensaje.

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  • En el episodio anterior, hablamos de si leer o no leer al hacer una exposición o presentación en público. En esta ocasión hablaré del uso o no del boli. Y es que… hay una pregunta muy típica que el 99,9% de la gente se hace cuando entrena para una exposición y es… "¿puedo tener un boli en la mano?

    Mi respuesta es: depende.

    Depende de cuál sea el motivo por el que quieres disponer de este torpedo de tinta entre tus dedos.

    Muchas personas se lanzan a este objeto alargado para amarrarlo y no soltarlo durante la exposición porque están nerviosos y necesitan algo que estrangular, supongo que por no estrangularse a sí mismos o a la audiencia, o al momento en sí. Y claro, el resultado es: bolis haciendo piruetas imposibles, como si fueran una noria en versión horizontal y vertical que da vueltas a la velocidad del rayo. Eso, los más duchos en esta práctica (ya te aseguro que yo no soy buena en ello, al menos de momento) porque los que no son tan buenos, encima corren el riesgo de que el boli salga danzando por los aires. Manos manchadas de tinta. Sonido compulsivo tipo "clic clic" dándole al culo del boli… En fin, una coreografía de las malas, una coreografía poco elegante. El pobre boli acaba con necesidad de que le chuten un Primperan para evitar vomitar, a veces lo hace soltando toda su tinta.

    Si este es tu diagnóstico, el de los nervios, entonces tu pauta de tratamiento es que NO uses boli. La gente percibirá que estás nervioso. El boli se acabará comportando como foco de la exposición. No serás consciente de lo que haces con él, pero créeme que la gente sí se dará cuenta.

    Si, por el contrario, te gusta llevar un boli como elemento de atrezo, porque te ayuda a indicar o señalar cosas… y no lo haces desde la inseguridad, entonces tu pauta de tratamiento es ¡adelante! El boli en un momento dado puede ser un elemento de suma elegancia.

    Como ves, las cosas no son blanco o negro. Consejo: no te dejes engañar por aquellos gurús (o autoproclamados gurús) que dicen "nunca" o "siempre". Por mucho que nos empeñemos, las cosas son más bambú que buloke australiano (sí, lo he buscado en Google y por lo visto es la madera más dura de la faz de la tierra). Vamos, que seamos más flexibles y entendamos que desde dónde hacemos las cosas es lo que justifica o no esa acción y por tanto el sentido e interpretación de la misma.

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  • Muchas personas se relajan cuando se trata de hacer una exposición en público aferrándose a la manida frase de "No pasa nada, porque lo voy a leer todo". ¿Perdona?

    Hay 3 razones principales por las que se recurre a la lectura de un discurso:

    - Porque se está nervioso y si no se lee, uno se cree incapaz de hilar una palabra con otra.

    - Porque no se le da la importancia que se merece a ese momento y se resuelve leyendo.

    - Por falta real de tiempo (algo de última hora).

    Varias cosas que necesito comentar al respecto:

    - Leerlo todo le está diciendo al mundo que no te has tomado el tiempo para preparártelo. Por tanto, lo que estás diciendo es "Bueno, esto tampoco es tan importante como para dedicarle más tiempo". Por afinar más, es un poco "Tú, audiencia, no eres lo suficientemente importante como para haber sido capaz de sacar tiempo de mi agenda de ministro para preparármelo".

    - - No todo el mundo sabe leer bien en voz alta. Sí, lo que acabas de oír. Leer como tal, como acto de depositar los ojos en negro sobre blanco, todos sabemos, pero eso no implica que sepamos dar la intención necesaria a lo que leemos. Si no sabemos ponerle intención a las palabras que salen por nuestra boca, los mensajes estarán vacíos. Es como entregarle a alguien un regalo que ya desde el minuto uno te das cuenta de que no contiene nada (o casi nada) en su interior.

    No subestimemos el acto de leer. Es el mensajero el que dota de sentido a las palabras. Así que, durante el ensayo, lee en voz alta y asegúrate de que lo lees sabiendo lo que estás leyendo. Sabiendo lo que dices. Insisto, de lo contrario, las palabras estarán vacías. Además, eso te permitirá leer intercambiando momentos de miradas a la audiencia.

    Por tanto, si hay que elegir entre leer o no leer… ya imagino que sabrás cuál es mi preferencia. No leer. Y si finalmente vas a hacerlo, entonces encárgate de que sepas lo que estás diciendo, porque si lo sabes, entonces serás capaz de dotar de intención, de sentido y de significado a tus mensajes.

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  • Capacidad de sacrificio (de mensajes)

    En el episodio anterior hablaba de evitar las huidas hacia delante en comunicación y de parar un poco para decidir qué camino tomar. En este sentido, relacionado precisamente con la alta velocidad al hablar, hoy me gustaría detenerme en un punto.

    ¿Te ha ocurrido alguna vez estar hablando en público, miras la hora y te das cuenta de que no sabes qué tipo de cálculos mentales habías hecho, pero resulta que te quedan 10 minutos para concluir y todavía 28 puntos por abordar? ¿Y qué haces? Pues empezar a acelerar, a hablar cual presentador del programa "Pasapalabra", en tu afán de querer introducir los 28 puntos en esos 10 minutos que van descolgándose del reloj poco a poco.

    Y claro, ahí estás tú hablando a velocidad x2 y tus interlocutores o audiencia con los ojos salidos de sus cuencas y con ganas de querer salir corriendo y subirse a lo alto de una montaña, para, seguro, no querer bajar más.

    No. Hay una expresión que yo utilizo siempre en comunicación que es la importancia de desarrollar la capacidad de sacrificio. Es decir, que tengas muy claros en tu cabeza, de qué aspectos puedes prescindir en caso de que el tiempo se te ponga detrás de la nuca.

    Es decir, que, si te quedan 10 minutos de tiempo y la friolera de 28 puntos por abordar, pues va a ser que vas a tener que cargarte algunos de esos contenidos y explicar unos pocos. Puedes decir algo tipo "Para los últimos 10 minutos me gustaría centrarme en…".

    La audiencia no es responsable de que haya habido una mala organización del tiempo. ¿De qué servirá que lo digas todo a la velocidad de x2 si la gente no se va a enterar de nada?

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  • No conviertas la comunicación en una huida hacia delante

    En los capítulos anteriores hablamos de la importancia del tiempo, del silencio… De esos espacios en los que se pueden crear cosas maravillosas en comunicación.

    Darnos tiempo, el silencio, supone de alguna manera detener la dimensión temporal donde no existe la urgencia por resolver, por hablar. El tiempo, el silencio, son los antídotos para el "hablar por hablar".

    Hoy hablaremos de esas situaciones comunicativas en las que a veces optamos por querer adelantar al tiempo, donde además no ponemos ni el intermitente para avisar de que queremos ir más rápido. Simplemente, nos disparamos. Te voy a poner algún ejemplo para que puedas ver a qué me estoy refiriendo:

    - - Exposición en público: estás nervioso, te notas descontrolado… y ¿qué haces? Aceleras. Ahí es cuando empiezas a hablar por hablar ¿Por qué? Porque hay algo en ti que dice "como estoy nervioso, cuanto antes me quite esto de en medio, mejor".

    - - Te hacen una pregunta y no sabes muy bien la respuesta y te pones a contestar del tirón. Claro, no vayan a pensar que no sabes la respuesta.

    En este tipo de situaciones, lo que acabamos haciendo es una huida hacia delante. Nos pensamos que, si corremos mucho, nos estaremos librando de un peligro. Y yo me pregunto ¿se puede saber de qué peligro huimos? ¿Qué tememos en ese momento en nuestra cabeza para decidir ponernos a hablar rápido?

    Las consecuencias de llevar a cabo una huida hacia delante en comunicación:

    - - No elegiremos las palabras o expresiones más adecuadas

    - - No seremos ni conscientes de lo que estamos diciendo

    - - Lo normal es que nos pongamos todavía más nerviosos

    - - Nos dejaremos muchas cosas por decir, porque estaremos dando literalmente zancadas por nuestro discurso

    - - Obviaremos las reacciones de la gente

    -

    No huyas hacia delante. Haz un STOP. ¿Estás nervioso? Para. ¿Te sientes descontrolado? Para. ¿Te hacen una pregunta y no sabes muy bien la respuesta? Para. No solo no debes huir, sino que debes parar y mirar de frente lo que tienes.

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