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Las galaxias no tienen bordes definidos, por lo que medir su tamaño resulta más complejo de lo que parece. Sus estrellas se vuelven cada vez más escasas hasta confundirse con el fondo del universo. Para establecer sus dimensiones, los astrónomos utilizan criterios convencionales, como las isofotas, que delimitan regiones de igual brillo.
Las observaciones revelan una enorme variedad de tamaños: desde pequeñas galaxias ultradébiles con apenas unas miles de estrellas hasta gigantescas galaxias que han crecido durante miles de millones de años absorbiendo otras vecinas. Algunas radiogalaxias presentan además enormes lóbulos de plasma que se extienden a distancias extraordinarias.
Las galaxias forman cúmulos y estructuras inmensas, como el Big Ring, cuya existencia plantea nuevas preguntas sobre la evolución y la estructura del universo. -
¿Qué hace que un astronauta se recaliente en el espacio? ¿Y por qué aprender no depende solo de repetir una tarea una y otra vez? En este episodio de Ciencia Fresca exploramos dos investigaciones que revelan aspectos sorprendentes del funcionamiento del cuerpo y del cerebro. Ángel Rodríguez Lozano nos lleva al interior de las misiones espaciales de larga duración para descubrir cómo la microgravedad altera los mecanismos que regulan la temperatura corporal y provoca un aumento progresivo de la temperatura interna de los astronautas. Por su parte, Jorge Laborda analiza un estudio que cambia nuestra visión del aprendizaje. Los resultados muestran que no solo importa cuántas veces practicamos, sino también el valor de la recompensa que obtenemos. La motivación, la dopamina y la capacidad de mantener el interés resultan fundamentales para aprender de forma más rápida y eficaz.
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Bajo nuestros pies existe una fuente de energía renovable capaz de proporcionar calefacción, refrigeración e incluso electricidad las 24 horas del día. En esta entrevista con Cristina de Santiago Buey, investigadora del IGME-CSIC, descubrimos qué es realmente la geotermia, desmontamos algunos mitos —como la idea de que es necesario perforar hasta el centro de la Tierra para aprovecharla— y exploramos cómo el calor almacenado en el subsuelo puede ayudarnos a construir un sistema energético más sostenible. Hablamos de las bombas de calor que permiten aprovechar la energía geotérmica en nuestras propias viviendas, de la generación de electricidad a partir del calor terrestre, de sus aplicaciones industriales, de ejemplos pioneros en España y de grandes proyectos internacionales que muestran el enorme potencial de esta tecnología. Cristina de Santiago Buey es autora del libro Geotermia. La energía renovable que nos proporciona el planeta Tierra, publicado en la colección ¿Qué sabemos de? del CSIC.
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¿Cómo nos alimentaremos en el futuro? En este episodio de Quilo de Ciencia, recuperamos una conferencia de Francisco Grande Covián, quien analiza la evolución de la alimentación humana desde los cazadores-recolectores hasta la actualidad. Grande Covián reflexiona sobre la producción mundial de alimentos, el crecimiento de la población, el papel de los cereales y las legumbres, el consumo de carne, los alimentos procesados y la influencia de la ciencia en nuestros hábitos alimentarios. Muchas de sus predicciones resultan sorprendentemente actuales. Tras la conferencia, Jorge Laborda actualiza sus planteamientos con datos recientes sobre nutrición, proteínas vegetales, desperdicio alimentario, obesidad y sostenibilidad ambiental, mostrando qué ideas se han confirmado y qué nuevos retos han surgido.
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Imagina que, en pleno día, el Sol comienza a desaparecer poco a poco. La luz cambia de color, las sombras se vuelven extrañas y el paisaje adquiere un aspecto inquietante. De repente, durante unos instantes, el día se transforma en crepúsculo. Un viento repentino y fresco acaricia tu rostro mientras aparecen las estrellas y los planetas, al tiempo que el Sol parece apagarse y deja al descubierto una corona luminosa de belleza sobrecogedora. No es ciencia ficción. Va a suceder sobre nuestras cabezas.
Entre 2026 y 2028, la Península Ibérica será escenario de un acontecimiento astronómico excepcional: dos eclipses totales de Sol y un eclipse anular. David Galadí Enríquez, miembro de la Comisión Científica y de Asesoramiento del Trío de Eclipses, explica en Hablando con Científicos cómo, cuándo y dónde podremos disfrutar de estos fenómenos extraordinarios, una oportunidad única en nuestras vidas. -
Durante el Jurásico superior, hace unos 150 millones de años, el pequeño dinosaurio Compsognathus habitaba las islas tropicales del mar de Tetis, en lo que hoy es Europa. Descubierto en las calizas de Solnhofen, fue uno de los primeros dinosaurios conocidos a partir de esqueletos casi completos. Inicialmente confundido con un lagarto, más tarde se reconoció como un dinosaurio carnívoro muy próximo a las aves primitivas, gracias a los estudios de Thomas Henry Huxley. Aunque durante años se creyó el dinosaurio más pequeño, posteriores hallazgos revelaron que alcanzaba hasta 1,5 metros de longitud. Poseía patas largas, huesos ligeros y una cola muy extensa que le daban gran velocidad para cazar pequeños vertebrados y lagartos. Aunque no se han hallado plumas en sus fósiles, probablemente las tenía..
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¿Qué pueden contarnos las alcantarillas sobre la evolución del coronavirus? ¿Y qué relación existe entre el hielo antártico y antiguas explosiones de supernovas? En el nuevo episodio de Ciencia Fresca viajamos desde las aguas residuales de nuestras ciudades hasta las profundidades del espacio interestelar.
Jorge Laborda nos invita a descubrir cómo los científicos utilizan las aguas residuales para seguir la pista a SARS-CoV-2, conocer cuánto virus circula y analizar cómo evoluciona genéticamente en la población. Un auténtico observatorio evolutivo oculto bajo nuestras calles.
Ángel Rodríguez Lozano nos propone un viaje desde las nubes interestelares que el Sistema Solar atraviesa en su recorrido alrededor de la Vía Láctea hasta las profundidades del hielo antártico, donde los investigadores han hallado una señal radiactiva que revela cómo es ese entorno cósmico sembrado por restos de antiguas supernovas y que todavía hoy rodea al Sistema Solar. -
¿Puede un puñado de tortugas cambiar un ecosistema entero? La respuesta es sí. Un estudio realizado en la isla de Aride, en el archipiélago de Seychelles —un conjunto de islas tropicales situado en el océano Índico, al noreste de Madagascar— ha demostrado que solo diez tortugas gigantes de Aldabra fueron capaces de reactivar en apenas seis meses procesos ecológicos desaparecidos hace más de 180 años. Iago Ferreiro-Arias e Sergio García-Peña (SCIC) explican cómo estas enormes tortugas actúan como auténticas “ingenieras del ecosistema”: dispersan semillas, controlan plantas invasoras y reciclan nutrientes mientras recorren la isla. En solo dos meses dispersaron más de 11.000 semillas, la mayoría de especies nativas. Lo más sorprendente es que no todas las tortugas hacían lo mismo: unas eran expertas en dispersar semillas y otras en controlar vegetación.
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La imaginación permite dar nuevos usos a herramientas creadas para otros fines, y eso también ocurre en medicina. Un ejemplo prometedor es la terapia T-CAR, desarrollada originalmente para combatir ciertos cánceres como la leucemia. Esta técnica modifica linfocitos T del propio paciente para que reconozcan y destruyan células específicas. Ahora, investigadores exploran su aplicación en enfermedades autoinmunitarias, donde el sistema inmunitario ataca por error al propio organismo. Estudios recientes en China y Alemania muestran resultados muy esperanzadores, con pacientes en remisión y pocos efectos secundarios. Aunque aún son resultados preliminares, esta tecnología podría transformar el tratamiento de muchas enfermedades autoinmunitarias e incluso, en el futuro, de ciertas alergias.
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Hoy, en Ciencia Fresca, Ángel R. Lozano nos invita a viajar hasta los océanos del Cretácico para descubrir a unos sorprendentes depredadores gigantes que recuerdan a los legendarios kraken. Un estudio publicado en Science revela que enormes pulpos con tentáculos de hasta 19 metros pudieron competir con mosasaurios y tiburones en la cima de la cadena alimentaria marina. Gracias a un novedoso método denominado “minería digital de fósiles”, los investigadores han averiguado cómo eran estas criaturas a partir de mandíbulas fósiles y sus marcas de desgaste. Además, Jorge Laborda explora otro avance fascinante: la posibilidad de convertir células del sistema inmunitario en auténticas fábricas vivas de anticuerpos. Un nuevo trabajo demuestra que es posible reprogramar células madre de la médula ósea para producir defensas terapéuticas de forma duradera y adaptable.
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Desde el desierto de Atacama, en Chile, un nuevo instrumento astronómico está a punto de cambiar nuestra manera de explorar el universo. Se llama 4MOST y tiene una capacidad extraordinaria: observar simultáneamente miles de estrellas y galaxias. Instalado en el telescopio VISTA, en el Observatorio Paranal, 4MOST permitirá recoger luz de 2400 objetos astronómicos a la vez, descomponer la luz de cada uno de ellos y analizar suespectro para obtener información detallada sobre su composición, movimiento y su historia. Durante 5 añoa permitirá obtener uno de los mayores mapas espectroscópicos del cielo austral y abrirá una nueva era en la llamada “astrofísica estadística”. Hoy hablamos con el astrofísico Luca Costantin, investigador del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), sobre la tecnología que hay detrás del proyecto, los retos científicos que afronta y las preguntas fundamentales que espera ayudar a responder sobre la evolución de las galaxias y la estructura del cosmos.
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Los uintaterios, también llamados dinocerados, fueron unos auténticos “tanques” de la prehistoria. Eran grandes mamíferos herbívoros que vivieron hace más de 50 millones de años en Asia y Norteamérica. Caminaban a cuatro patas y se alimentaban de hojas y ramas. Fueron los primeros mamíferos realmente grandes. Durante el Eoceno los uintaterios aumentaron de tamaño y desarrollaron patas robustas en forma de columna semejantes a las de los elefantes; como estos, solo apoyan los dedos en el suelo, protegidos por pezuñas. Al mismo tiempo se perdieron los incisivos superiores y aparecieron los seis cuernos característicos de estos animales: un par en el extremo del hocico, otro delante de los ojos y un tercero en la parte posterior del cráneo.
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La carne ha sido un componente clave en la dieta humana desde sus orígenes, aunque no resulta indispensable. En este episodio de Quilo in Memoriam, el Dr. Francisco Grande Covián expone, a partir de los conocimientos de los años 80 —aún en gran medida vigentes—, la importancia nutricional de la carne como fuente de proteínas de alta calidad, hierro fácilmente absorbible, zinc y vitaminas del grupo B, en especial la B12. También destaca su capacidad para mejorar la absorción de hierro procedente de otros alimentos, algo especialmente relevante en dietas basadas en vegetales. No obstante, su contenido en grasas saturadas puede influir en el riesgo cardiovascular, por lo que se recomienda un consumo moderado.
Aunque estos planteamientos siguen siendo en general válidos, algunos aspectos requieren hoy una revisión más prudente. En este sentido, Jorge Laborda aporta una perspectiva actualizada a la luz de los avances recientes en investigación nutricional. -
¿Te comerías un insecto? Para gran parte de la población mundial, la respuesta es sí. De hecho, existen más de 2.100 especies comestibles documentadas. En otras regiones, como Europa, sigue siendo una idea que provoca sorpresa, curiosidad o incluso rechazo. Sin embargo, detrás de esa barrera cultural se esconde un campo de investigación en pleno crecimiento, con implicaciones nutricionales, históricas y medioambientales de gran alcance. De ello trata el libro de la colección de divulgación del CSIC Los insectos comestibles en el mundo, un esfuerzo colectivo que explora las características de estos pequeños animales, su consumo a lo largo de la historia, su valor nutricional y su potencial para afrontar los retos alimentarios derivados del crecimiento de la población mundial. Hoy hablamos con tres de sus autoras: Ligia Esperanza Díaz, Nicoletta Righini y Tatiana Pintado del Campo.
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En Ciencia Fresca, Jorge Laborda y Ángel Rodríguez Lozano nos invitan a viajar desde el interior de nuestras células hasta el cielo que surcan los aviones. En primer lugar, Jorge explica por qué las mitocondrias son mucho más que simples “centrales energéticas”. Comenta un hallazgo reciente que revela cómo estas estructuras mantienen ordenado su propio genoma gracias a un sorprendente fenómeno físico: el perlado mitocondrial. En la segunda parte, Ángel dirige la mirada hacia las estelas de los aviones. Durante décadas se pensó que el hollín era el principal responsable de su formación. Pero un experimento con un Airbus A321neo, seguido por un avión laboratorio equipado con sensores, revela que la historia es más compleja y que otros tipos de partículas también desempeñan un papel clave.
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La contaminación derivada de los explosivos es un problema silencioso, pero persistente. Más allá de las imágenes espectaculares de una detonación, lo que queda en el terreno puede ser incluso más preocupante: compuestos químicos estables, tóxicos y difíciles de eliminar. Entre ellos destaca el 2,4-dinitrotolueno (DNT), un residuo asociado a la fabricación y uso de materiales explosivos como el TNT. El investigador del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC) David Rodríguez-Espeso explica cómo su equipo ha desarrollado una estrategia innovadora: “enseñar” a la bacteria Pseudomonas putida a utilizar el DNT como alimento y degradarlo. El objetivo era ambicioso: transformar un contaminante persistente en una fuente de energía para un organismo vivo.
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Diversos estudios recientes sugieren que la interacción con sistemas de inteligencia artificial generativa puede disminuir la diversidad de la expresión humana y, además, influir en nuestras opiniones sobre asuntos social y políticamente delicados. No se trata de que la inteligencia artificial nos ayude a escribir mejor o más deprisa. El asunto es más profundo y mucho más capcioso: que, mientras creemos estar usando una cómoda herramienta, quizá la herramienta esté usándonos a nosotros para reescribir, aunque solo sea un poco, la manera en que pensamos.
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El estudio de nuestros orígenes evolutivos no se limita a los fósiles humanos o de nuestros antepasados más cercanos, como los australopitecos. Para entender realmente de dónde venimos, los científicos necesitan retroceder mucho más atrás en el tiempo, hasta los primeros simios que dieron lugar al grupo que incluye a gibones, grandes simios y humanos, conocidos como simios antropomorfos. Aunque sabemos que este linaje se separó de los monos del Viejo Mundo hace más de 25 millones de años, reconstruir con precisión su historia temprana es extremadamente complejo. Un reciente estudio publicado en Science y comentado en un artículo de perspectiva por David Alba, nuestro invitado en Hablando con Científicos, arroja nueva luz sobre esta cuestión, gracias al hallazgo de un fósil en Egipto que podría cambiar nuestra visión sobre dónde surgieron aquellos lejanos ancestros.
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Ángel Rodríguez Lozano nos invita a imaginar situaciones en las que el agua nos sorprende con comportamientos inesperados. Uno de ellos llevó a pensar que no existe una única forma de agua en estado líquido, sino dos. Algunos científicos lo habían predicho teóricamente, pero las dificultades para comprobarlo experimentalmente eran tan grandes que nadie había conseguido observarlo… hasta ahora. Gracias a un experimento ingenioso, un equipo de investigadores lo ha logrado.
Por su parte, Jorge Laborda aborda otro problema crucial de nuestro tiempo: la dificultad para distinguir la verdad en un mundo saturado de información. Sus explicaciones revelan que no solo importan los datos, sino también nuestra identidad y sentido de pertenencia, que pueden sesgar nuestro juicio incluso sin que nos demos cuenta. -
Hace unos 5,5 millones de años, la crisis salina del Mesiniense transformó el Mediterráneo en un paisaje casi seco, permitiendo que la fauna circulara entre Europa y África. Cuando el mar regresó, Cerdeña quedó aislada, convirtiéndose en un laboratorio natural de evolución. Allí surgieron ecosistemas únicos, con especies como la musaraña gigante Asoriculus, la pica sarda Prolagus sardus o el pequeño bóvido Nesogoral, adaptadas a un entorno insular lleno de depredadores como la veloz hiena Chasmoporthetes. Con el tiempo, nuevas especies llegaron y otras evolucionaron, dando lugar a faunas sucesivas marcadas por el gigantismo insular. Sin embargo, la llegada del ser humano hace unos 10.000 años cambió este equilibrio: la caza, la deforestación y la introducción de especies invasoras provocaron extinciones en cadena. Hoy, apenas queda un superviviente de aquel mundo perdido: el murciélago orejudo sardo, testigo de una historia evolutiva fascinante.
- Visa fler