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  • El compositor Vsevolod Zaderatsky (1889-1952) pasará todo el episodio de hoy en los campos de trabajo esclavo del valle del río Kolimá, en Siberia. Allí es donde fue encarcelado poco después de haber recuperado el derecho a voto por su incansable trabajo en pro de la música y la ópera en Yaroslavl.
    Fue condenado a 10 años sin derecho a correspondencia, algo que equivalía a una condena a muerte, acusado de difundir música fascista. Con la Orquesta de Yaroslavl había hecho un concierto con música de Wagner y de Richard Strauss.
    En el campo de trabajo esclavo del Sevvolstlag NKVD compuso, escribiendo en impresos de telegramas y sin ningún instrumento en los alrededores, su obra más reconocida, los monumentales 24 Preludios y Fugas para piano, una obra pionera que conectaba la forma barroca predilecta de Johann Sebastian Bach con la música más moderna del siglo XX. Zaderatsky fue el primero en emplear esa forma en la modernidad, adelantándose a músicos tan relevantes como Dimitri Shostakovich o Paul Hindemith. Pese a ello, la obra de nusrtro moderno no influyó en sus colegas porque permaneció silenciada hasta hace menos de 10 años.
    Zaderatsky consiguió sobrevivir al archipiélago gulag gracias a su habilidad como contador de historias y tras dos años en el campo fue puesto en libertad, pero sin una forma clara de regresar al continnte, que es como llamaban los presos a la Rusia Occidental. De su retorno a Yaroslavl, hablaremos en el próximo capítulo.

  • Tercer capítulo de Modernos de otros tiempos dedicado al extraordinario compositor soviético Vsevolod Zaderatsky (1889-1952), autor prohibido y silenciado y hombre represaliado por el régimen bolchevique.
    En el último capítulo, dejamos a Vsevolod Zaderatsky recién salido de la cárcel en 1928. Dos años antes había sido detenido y su obra musical y literaria fue destruida y nuestro moderno intentó suicidarse.
    Al salir de prisión, extrañamente, le permitieron vivir en Moscú. Fueron cinco años que trabajó como compositor de plantilla de la Radio Nacional Soviética. Fueron años de gran producción, pero la radio apenas emitió alguna de sus músicas incidentales para obras de tetaro o alguno de sus arreglos, ninguna de sus obras originales, que incluían dos óperas, canciones, composiciones sinfónicas y de cámara, varios ciclos de pequeñas piezas y una colección de 24 Preludios para piano fue interpretada en público, emitida por la radio, ni su partitura fue editada.
    En 1934, por las presiones de la Asociación de Músicos Proletarios, fue nuevamente desterrado a Yaroslavl, una ciudad a unos 300 kilómetros al noreste de Moscú. Alli, trabajo como profesor en una academia de música, volvió a casarse y estudió dirección de escena. Sin parar de componer, se encargó de la dirección de la orquesta de la academia y la convirtió en la Sinfónica de Yaroslavl, la base para lograr su obsesión, conseguir establecer una ópera estable en la ciudad.
    Fruto de sus esfuerzos en pro de la música en Yaroslavl, el presidium del Soviet Supremo le devolvió el derecho al voto. Por primera ves desde la revolución, Zaderatsky volvía a ser un ciudadano de pleno derecho, pero era la época del gran terror. En marzo de 1937, nuestro moderno fue nuevamente detenido. En el registro de su casa no encontraron ninguna de sus obras, pero sí un cartel de un concierto de la orquesta de la academia en el que, bajo su dirección, se interpretaron obras de Wagner y Richard Strauss. La sentencia fue inapelable: diez años de condena sin derecho a correspondencia por difundir música fascista. Zaderatsky fue conducido a un campo de trabajo del extremo norte, en Siberia, en el valle del río Kolimá, algo que, prácticamente, significaba la muerte.
    Pero de la estancia de Vsevolod Zaderatsky en un campo de trabajo esclavo del Sevvolstlag NKVD, ya hablaremos en la próxima entrega.

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  • Segunda entrega de las peripecias vitales de nuestro moderno, el compositor Vsevolod Zaderatsky (1889-1952), músico prohibido y silenciado donde los haya.
    En el episodio anterior, dejamos a Vsevolod Zaderatsky en la I Guerra Mundial, en la que participó como oficial del ejército ruso, al que fue llamado nada más concluir sus estudios de leyes y sin permitirle examinarse en el conservatorio de Moscú. En la I Guerra Mundial estuvo a punto de morir en la costa del Mar Negro. Una bomba alemana cayó junto a él cuando anotaba una melodía popular. Afortunadamente no estalló. Lo que si estalló fue la revolución rusa en 1917 y, tras ella, una cruenta guerra civil. Zaderatsky formó parte del ejército de Denikin, una de las mayores fuerzas del ejército contrarevolucionario en el suroeste de Rusia.
    En 1921 fue hecho prisionero por el ejército rojo y fue el único de su batallón que salvó la vida. Encerrado en una casa incautada, pasó la noche de la víspera de su fusilamiento tocando el piano. La música conmovió al fundador de la cheka, Felix Dzerzhinski, que perdonó su vida y le permitió huir. A partir de entonces, Zaderatsky fue un ciudadano de segunda en la URSS. No podía residir en ninguna de las grandes ciudades, ni ejercer según que profesiones, pero en Riazán, donde fue desterrado, pudo sobrevivir como profesor de música.
    En 1926, fue detenido por la policía secreta y encarcelado. Nunca se supo el motivo de esa detención, pero las autoridades destruyeron toda su obra musical y literaria hasta la fecha. Zaderatsky intentó suicidarse en prisión, pero sus compañeros lo evitaron. El suicidio sirvió para que se revisara el caso y, tras pasar dos años preso y perder toda su obra, fue liberado y rehabilitado. Su primer destino fue al este de Crimea donde escribió sin instrumento ni papel pautado, dos sonatas para piano de un patetismo extremo. Son sus obras más antiguas que se conservan. están datadas en el verano de 1928.
    Tras su liberación vino un periodo en el que sus restricciones se relajaron un poco, pero su obra seguía sin poder interpretarse ni editarse. De eso os hablaremos en el próximo episodio.

  • Primer capítulo de la novena temporada de Modernos de otros tiempos, ahora convertido únicamente en pódcast para demostrar que la modernidad es algo que viene de antiguo. Con Pachi Poncela y Carlos Lapeña.
    Comenzamos la temporada con la historia del compositor ruso Vsevolod Petrovich Zaderatsky (1889-1952), músico silenciado entre los silenciados y permanentemente censurado. Su música nunca fue escuchada en público hasta más de medio siglo después de su muerte. Tampoco le permitieron que se publicara y, por si esto fuera poco, todos sus manuscritos fueron destrozados por la policía soviética cuando fue encarcelado en 1926, con lo que no conservamos nada suyo de antes de 1928.
    En este primer capítulo hablamos de su nacimiento en Rivine (actualmente, Ucrania), de su primera juventud en Kursk y de su llegada a Moscú para estudiar leyes en la Universidad y música en el Conservatorio. Siendo estudiante, se convirtió en profesor de música del zarevich Alexei, hijo del zar Nicolás II y último heredero al trono de emperador de todas las Rusias. Este extraño hecho (aunque muy dotado, Zaderatsky no era más que un estudiante que, además no vivía en San Petersburgo, sino en Moscú), aunque desconocido para casi todo el mundo, marcó la existencia de nuestro moderno después de la revolución bolchevique.
    Al terminar sus estudios de derecho, en 1916, fue llamado al ejército para combatir en la I Guerra Mundial, conflicto que continuó con la revolución soviética y la cruenta guerra civil. Zaderatsky estuvo a punto de morir a la orilla del Mar Negro. Además perdió el contacto con su primera familia, su primera esposa Natalya Pasechnik y su hijo Rostislav que se exiliaron, primero, en Yugoslavia y, después, en París.
    Tras la revolución vino la guerra civil y Zaderatsky formó parte del bando blanco como oficial del ejército de Denikin, pero eso ya lo contaremos en el próximo capítulo.

  • Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 26/6/2023, trigésimo segundo y último capítulo capítulo de la octava temporada que dedicamos al abuelo de la ciencia ficción, el escritor, retórico y humorista Luciano de Samósata, un hombre libre. Libre de prejuicios, escéptico integral y antidogmático convencido.

  • El fotógrafo Jorge Palomo Durán (Madrid, 1885- Logroño, 1942) es fruto de la casualidad y hoy es el protagonista de nuestro episodio de Modernos de Otros Tiempos.
    Algunos conocían al ingeniero de caminos Jorge Palomo que trabajó en la mejora y la construcción de muchas infraestructuras, que volcó sus conocimientos en proyectar puentes, canales, carreteras, depósitos de agua o defensas de ríos, que se involucró en proyectos tan futuristas como la construcción de una autovía entre Madrid e Irún en los últimos años 20.
    Otros, tampoco muchos no se crean, recordaban al ingeniero humanista aficionado al teatro, capaz de cantar con éxito y bella voz de barítono el papel de Felipe de La Verbena de la Paloma, al ciudadano implicado en la vida social y cultural de Logroño, participante y directivo de organizaciones tan dispares como el Aero Club Popular de Logroño, la Sociedad de Conciertos, el Club Rotario o el Ateneo Riojano, al defensor de la propiedad urbana que no le hacía ascos a intervenir en política e, incluso, a ser efímero concejal de su ciudad.
    Pero hasta hace bien poco, apenas nadie conocía al Jorge Palomo Durán, a nuestro juicio, más interesante: el fotógrafo Jorge Palomo Durán. Y si lo conocemos, es por casualidad. Hace apenas cinco años, aparecieron dos cajas de negativos de cristal en una casa que iba a ser reformada. El encargado de la obra tenía la orden de tirar a la basura todo lo que la casa albergaba. Las cajas le llamaron la atención y las abrió antes de llevarlas al contenedor. Su sorpresa fue mayúscula, las casi dos mil placas fotográficas que contenían tenían aspecto de ser algo importante. A él no le interesaban, pero un amigo suyo coleccionaba toda suerte de antigüedades y quizás aquellas placas fueran de su agrado. Le llamó y le dijo que si venía a recogerlas pronto, se las guardaría y las salvaría del contenedor.
    Tras una complicada investigación, el profesor de instituto José Manuel Ramírez Martínez, consiguió identificar a su autor, un ingeniero madrileño que pasó gran parte de su vida en Logroño, Jorge Palomo Durán. Tras localizar a sus nietos, Ramírez consiguió localizar otras dos mil placas, lo que suponía la recuperación de casi los dos tercios de una colección fotográfica de gran valor.
    Palomo comenzó haciendo fotos que le ayudaran en su trabajo como ingeniero, pero pronto descubrió que la fotografía puede servir para conservar ese mundo que muere con el progreso en el que él trabajaba.
    Tras el estallido de la guerra civil, Palomo que era director de obras del Puerto de Melilla, fue detenido, acusado de masón, y encerrado en el campo de concentración de Zeluán. Allí estuvo 80 días con su vida pendiendo de un hilo. Finalmente, determinaron que la acusación de masón era injustificada y fue liberado y trasladado como Jefe de Obras Públicas a Granada.
    Años después, en 1942, volvieron a abrirle la causa por masonería y fue suspendido de empleo y sueldo. Nunca pudieron probar nada contra él, pero no tuvo tiempo para defenderse, el 5 de agosto de 1942 murió de un infarto.
    Sus fotos quedaron aún más sepultadas que su historia, sobre la que se construyó un edificio de silencio. Ahora, gracias a la casualidad, a un hallazgo fortuito, podemos encontrarnos a un fotógrafo extraordinario cuya obra se expone en la Sala Amós Salvador de Logroño hasta el 27 de agosto gracias a Pepitas editorial.

  • Hoy en Modernos de otros tiempos hablamos de uno de mis ídolos, el pintor manierista Giuseppe Arcinboldo. Arcinboldo que nació en Milán en 1527 es un artista muy conocido y reconocido, pero no siempre fue así.
    Gracias a sus inconfundibles cabezas compuestas, esos increíbles retratos humanos construidos por la concatenación y ensamblaje de frutas, verduras, animales o cualquier tipo de objeto, Arcinboldo fue uno de los artistas más célebres de su tiempo. Tras su etapa de formación en Milán acudió a la corte del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, primero en Viena y después en Praga. Fue artista aúlico con tres emperadores, Fernando I, Maximiliano II y Rodolfo II. En la corte del primero fue retratista, en la del segujndo, también se dedicó a organizar todo tipo de festejos con una desbordante imaginación. Con Rodolfo, hubo una simbiosis total entre su universo fantástico y la obsesión del emperador por todo lo raro y lo enigmático. El Gabinete de Curiosidades de Rodolfo II fue el más famoso del manierismo y estaba plagado de obras de Arcinboldo.
    Con 60 años, dejó la corte, fue hecho conde y volvió a Milán. Tenía el compromiso de seguir mandándole obras al emperador. El 11 de julio de 1593 murió en Milán a causa de un problema renal. Era un artista muy famoso, pero pasó el tiempo y en seguida se le olvidó. Hubieron de pasar muchos paños para que fuera rescatado. Fue en una exposición en el MOMA de Nueva York comisariada por su fundador Alfred H. Barr Jr., Fantastic Art, Dada, Surrealism. En esa exposición aparecía como precursor del surrealismo, como un autor adelantado muchos siglos a su tiempo. Desde entonces, su notoriedad es incuestionable.

  • Llegamos hoy al ¿último? capítulo de Modernos de otros tiempos dedicado a las rebeliones de Leonora Carrington, el décimo. Lo dejamos porque ya llevamos mucho tiempo con ella, ni mucho menos porque hallamos agotado su inabarcable personalidad. Hoy hablamos de su poco interés en la fama, de su alergia a los periodistas, al bombo y al autobombo; de su relación con su confidente, amigo y coleccionista Edward James; de su estudio, de su técnica impecable, de su amor a la parte artesanal de su trabajo; y, también, de su huida de México después de la Matanza de Tlatelolco en el otoño de 1968, de cómo sintió el peligro de ser encarcelada por el gobierno del criminal Gustavo Díaz Ordaz, esa bellísima persona para occidente y el olimpismo. Pasamos someramente por sus 25 años de reexilio en EEUU, en Nueva York y en Chicago, y de su regreso a México en 1990.
    Hablamos de su colaboración con el Movimiento feminista a comienzos de los 70, aunque tampoco integró en él su feminismo intrínseco e instintivo. Su obra, dijo Gloria Orenstein, es «un código de la mujer moderna», aunque lo que ella pensaba es que lo que necesitaban las mujeres era aquello que los hombres solían tener: una esposa.
    Su vejez no fue un declive hacia el crepúsculo, sino la culminación de su viaje vital. Curiosa hasta el final, sabía que, lejos de conocer todas las respuestas, apenas había encontrado algunas de las preguntas.
    Murió a los 94 años en el Hospital Inglés de Ciudad de México. Era el 25 de mayo de 2011. Poco antes soñó su muerte y se la contó a su prima y biógrafa Joanna Moorhead, la autora del imprescindible Leonora Carrington. Una vida surrealista. «He soñado que estaba muerta. ¿Te imaginas? ¿Soñar que estás muerta? Estaba muerta y nadando en un agua. Debajo del agua. Y de pronto me daba cuenta de que estaba bien… Me sentía libre. No estaba asustada. De hecho, para mi sorpresa, comprobé que estaba disfrutando».
    Soy consciente de que han quedado muchas cosas en el tintero, pero…

  • En Modernos de otros tiempos seguimos con la historia de Leonora Carrington, de sus rebeliones, de sus imaginaciones, sus mundos particulares y sus risas. También su papel de pionera del ecofeminismo. «La idea de que “Nuestros Amos” tienen razón –escribió en Animal humano femenino— y deben ser queridos, honrados y obedecidos es, según creo, una de las mentiras más destructivas que se han inculcado en la psique femenina. Es ya espantosamente evidente lo que Esos Maestros han hecho con nuestro planeta y con su vida orgánica. Pienso que, si las mujeres permanecen pasivas, la vida tiene pocas esperanzas de supervivencia en esta tierra».
    Entre julio de 1946 y noviembre de 1947, nacen sus hijos Gabriel y Pablo y Leonora, en medio de una gran conmoción, descubre su instinto maternal. «No sabía lo que era el instinto maternal hasta que tuve a mis hijos». Poco después tiene su primera exposición individual en Nueva York, a la que no asistirá por no dejar solos a sus hijos. La exposición fue un éxito. «Nunca —le escribe su confidente Edward James— he visto más entusiasmo de la gente en un vernisagge (…) Tus obras brillaban como joyas en las paredes».
    Al enterarse de que Leonora está embarazada de su segundo hijo, Maggie, su madre, decide acudir a Ciudad de México. Es un momento de acercamiento entre madre e hija. Poco después, su padre muere de forma imprevista. Leonora volverá a Inglaterra una temporada en 1952. No será buena idea. Sus hermanos, que la han excluido de la herencia de su padre, la humillarán constantemente. La tibieza de su madre hace que la relación materno filial se enfríe para siempre.
    A la vuelta a México, Leonora se centrará en su familia ampliada con Chiki Weisz y sus hijos, pero también con sus grandes amigas, compañeras de vida Remedios Varo y Kati Horna, con quien compartirá conversaciones, vida, juegos y tiempo maravilloso en la cocina. Allí inventarán el caviar mexicano, la tortilla de pelo humano y recetas afrodisíacas y otras que provocaban el deseo de ser rey de Inglaterra. También la cocina era un buen sitio para rebelarse contra la sociedad, la autoridad y el estúpido sentido común (que no es sino una ideología impuesta).
    Creo que el próximo lunes terminaremos con Leonora.

  • Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 15/5/2023, vigésimo séptimo capítulo de la octava temporada y octavo dedicado a las rebeliones de Leonora Carrington (Chorley, Inglaterra, 1917-Ciudad de México, 2011).
    En este capítulo hablamos de su llegada a México, de su divorcio de Renato Leduc y de su contacto con los refugiados europeos. También hablamos de su nuevo compañero, el fotógrafo húngaro Chiki Weisz y de la gran revelación que le supuso la maternidad.

  • Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 8/5/2023, vigésimo sexto capítulo de la octava temporada y séptimo de los que estamos dedicando a las rebeliones de Leonora Carrington (Chorley, Inglaterra, 1917-Ciudad de México, 2011).
    La semana pasada la dejamos en un barco en el que huía de la II Guerra Mundial y, sobre todo, de su familia con destino a Nueva York, donde llega con su marido Renato Leduc el 21 de julio de 1942. En Nueva York están refugiados muchos de sus compañeros del grupo surrealista y rápidamente contactará con ellos. Participa en exposiciones colectivas y en VVV la nueva revista americana de André Breton. En Nueva York pasa mucho tiempo con Max Ernst que, aunque tiene una nueva amante en Peggy Guggenheim, sigue enamorado de ella, pero, desde que salió de Saint Martin D'Ardeche han pasado muchas cosas y ese Max Ernst que hace unos años significaba liberación para Leonora, ahora, en su subconsciente, significa marrones.
    Nueva York es el sitio ideal para el triunfo de la Leonora Carrington artista, pero ese era el camino fácil, el que no iba con ella y a finales de 1942 decidió marcharse a Ciudad de México con su marido Renato Leduc, aunque pronto se separó de él.
    México, el país más surrealista de la Tierra según André Breton, era algo nuevo, fresco e insólito para nuestra moderna. Le debió gustar porque viviría allí más de 45 años.
    El lunes que viene, más.

  • Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 24/4/2023, vigésimo quinto capítulo de la octava temporada y sexto de los dedicados a a una de nuestras artistas favoritas: Leonora Carrington (Chorley, Inglaterra, 1917-Ciudad de México, 2011).
    Tras su terrible experiencia en el Manicomio del Dr. Morales en Santander donde la había encerrado su padre, el 31 de diciembre de 1940, Leonora Carrington llega a Madrid vigilada por la temible enfermera Frau Asegurado. Los planes de su padre son llevarla a otro manicomio en Sudárica donde será tutelada por una pariente monja.
    En Madrid, Leonora se encuentra con Renato Leduc, un aventurero mexicano que, tras entrar con 15 años en el ejército de Pancho Villa, se hizo escritor, poeta y amigo de los surrealistas de París, donde trabajaba en la embajada mexicana.
    Renato había conocido a Leonora en París y al conocer su situación decidió ayudarla. Recomendó a nuestra moderna que siguiera viaje hasta Lisboa y que, una vez allí, se refugiara en la embajada meicana donde él la esperaría para casarse con ella. Ninguno de los dos creía en el matrimonio, pero una vez casada, Leonora no tendría que cumplir las órdenes de su padre y podía refugiarse en EEUU.
    En estas, Max Ernst había conseguido escapar del campo de concentración francés y llegó a Lisboa acompañado por su nueva amante, la coleccionista y multimillonaria norteamericana Peggy Guggenhein. La pareja se encontró en Lisboa, la capital de Estremadura, pero los planes siguieron como estaba previsto, Leonora y Renato se casaron en el consulado británico y pillaron un barco hacia Nueva York, Max voló con el mismo destino en un cliper alquilado por Peggy Guggenhein. Nueva York será el escenario del próximo capítulo.

  • Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 17/4/2023, vigésimo cuarto capítulo de la octava temporada y quinto de los dedicados a a una de nuestras artistas favoritas: Leonora Carrington (Chorley, Inglaterra, 1917-Ciudad de México, 2011).
    El último día la dejamos abandonando la granja de Les Alliberts que con Max Ernst en el campo de concentración de Les Halles y los nazis a la vuelta de la esquina, había dejado de ser un lugar aconsejable. Leonora Carrington metió el pasaporte de Max Ernst –pretendía conseguirle un visado en Madrid– y cuatro cosas en una maleta, malvendió la casa por 20,000 francos (como unos 200 €) y salió con destino a España en el pequeño coche de sus amigos Catherine Yarrow y Michel Lucas que nada más partir se quedó sin frenos.
    La crisis nerviosa de Leonora le impedía andar de frente y los aduaneros le impieron entrar en España por Andorra. Sus acompañantes tuvieron que recurrir a Harold Carrington, el padre de nuestra moderna, que movió sus hilos para que los jesuitas lograran un permiso de entrada para Catherine y Leonora.Michel quedó en Francia.
    «Yo estaba muy asustada: todo olía a muerte (…) España me abrumó por completo; pensé que era mi reino; que su tierra roja era la sangre seca de la Guerra Civil», escribió en su libro Memorias de Abajo. Sólo era el comienzo que lo que le preparaba la sórdida España del ya hemos pasado.
    En Madrid siguió dando muestras de tener los nervios descompuestos. Acusó a un enviado de su padre de controlar la guerra por medio de la hipnosis. Su estado se agravó después de ser violada por una manada de requetés. Fue entonces cuando su padre dispuso que la encerraran en Villa Covadonga, el exclusivo manicomio santanderino donde esconder a los miembros de la clase alta cuya locura abochornaba a sus familias. Allí «me entregaron como un cadáver al doctor Morales, en Santander».
    El doctor Morales aplicaba un método experimental y sádico para tratar a los pacientes psicóticos: el cardiazol, un antecedente químico del electroshck. El Cardiazol provocaba ataques de epilepsia que Morales creía que podrán devolver la lucidez al paciente, pero lo que de verdad producía eran ataques al corazón, dislocación de mandíbula, fractura vertebral, alucinaciones, miedo, aumento de la depresión y pérdida de memoria.
    Tras meses de tortura y desasoiego, un pariente lejano, el doctor Guillermo Gil, que trabajaba en el Hospital General de Santander, consiguió sacarla de allí el 31 de diciembre de 1940. Su padre había puesto como condición que la llevaran a otra casa de locos en Sudáfrica, el doctor Morales, que fuera siempre acompañada por la tétrica enfermera Frau Asegurado.
    El último día de 1940, Leonora Carrington volvía a estar en Madrid. Un enviado de su padre le comunicó su destino africano, un destino que sólo podría evitar convirtiéndose en su amante. Leonora no aceptó, prefería ir a Lisboa para embarcarse hacia Sudáfrica. Al fin y al cabo, Lisboa era la capital de Estremadura el lugar donde había dicho a Max Ernst que le esperaría en la nota que le dejó en Les Alliberts. Pero, lo de Lisboa, lo contaremos el próximo día.

  • Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 3/4/2023, vigésimo tercer capítulo de la octava temporada y cuarto de los dedicados a a una de nuestras artistas favoritas: Leonora Carrington (Chorley, Inglaterra, 1917-Ciudad de México, 2011), pintora, escultora, escritora y creadora de un mundo propio en el que la imaginación es la verdadera realidad, donde nada es lo que parece, donde todo proviene de sus propios sueños.
    En este episodio abordamos la estancia de Leonora Carrington y Max ernst en Saint-Martin-D'Ardeche, en el sur de Francia donde compraron una granja abandonada del sigo XVII y la convirtieron en su santuario.
    El comienzo de la II guerra mundial, convirtió a Max, que era alemán, en enemigo de Francia y pese a que era repudiado por los nazis, fue encarcelado. Una campaña encabezada por Paul eluard consiguió sacarle del campo de concentración, pero a los pocos meses volvió a ser detenido. este encarcelamiento y la cercanía de los nazis, hizo que leonora malvendiera su casa y huyera de Francia. Por si acaso volvía, dejó una nota a Max Ernst, Nos vemos en Estremadura.

  • Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 3/4/2023, vigésimo tercer capítulo de la octava temporada y cuarto de los dedicados a a una de nuestras artistas favoritas: Leonora Carrington (Chorley, Inglaterra, 1917-Ciudad de México, 2011), pintora, escultora, escritora y creadora de un mundo propio en el que la imaginación es la verdadera realidad, donde nada es lo que parece, donde todo proviene de sus propios sueños.
    En este episodio abordamos la estancia de Leonora Carrington y Max ernst en Saint-Martin-D'Ardeche, en el sur de Francia donde compraron una granja abandonada del sigo XVII y la convirtieron en su santuario.
    El comienzo de la II guerra mundial, convirtió a Max, que era alemán, en enemigo de Francia y pese a que era repudiado por los nazis, fue encarcelado. Una campaña encabezada por Paul eluard consiguió sacarle del campo de concentración, pero a los pocos meses volvió a ser detenido. este encarcelamiento y la cercanía de los nazis, hizo que leonora malvendiera su casa y huyera de Francia. Por si acaso volvía, dejó una nota a Max Ernst, Nos vemos en Estremadura.

  • Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 27/3/2023, vigésimo segundo capítulo de la octava temporada y tercero de los dedicados a a una de nuestras artistas favoritas: Leonora Carrington (Chorley, Inglaterra, 1917-Ciudad de México, 2011), pintora, escultora, escritora y creadora de un mundo propio en el que la imaginación es la verdadera realidad, donde nada es lo que parece, donde todo proviene de sus propios sueños.
    Iniciamos este tercer capítulo con su huida a Cornualles con su amante Max Ernst para vivir un verano de amor y surrealismo. Al enterarse de que Leonora mantenía una relación pública con un hombre casado, un degenerado surrealista de pelo blanco y con una edad que podía ser su padre, Harold Carrington denuncia a Max Ernst a la policía. No quiere abundar en que se haya liado con su hija, sus aspiraciones aristocráticas no son compatibles con semejante escándalo, así que denuncia por obscena la exposición de Ernst y pide que sea expulsado a su Alemania natal, que Hitler se ocupe de él.
    Max y Leonora se refugian en una casa en Lambe Creek (Cornualles) que le habían prestado a Roland Penrose para pasar las vacaciones. Por allí pasarán, entre otros, la fotógrafa Lee Miller, Eileen Agar, Man Ray, Paul Éluard o Henry Moore, en un verano lleno de orgías y juegos surrealistas. Tras el verano, muchos de ellos marchan a visitar a Picasso que está de vacaciones en Provenza. Max Ernst vuelve a París para aplacar los celos de su esposa y Leonora Carrington vuelve a la casa familiar para, ahora que Max está fuera de Inglaterra, aclarar cuentas con su padre. Le llamó de todo por denunciar a su amante y le explicó que se marchaba con él a París. El padre intentó disuadirla y le amenazó con cortarle el grifo de la pasta. Leonora le dijo por dónde podía meterse su pasta y no volvió a dirigirle la palabra en su vida.
    Una vez en París, Leonora Carrington está en el meollo del movimiento surrealista. No es un miembro más, ella no necesita encajar en ningún movimiento, pero participa con dos obras en la Exposición Internacional Surrealista de 1938. También publica su primer libro, La casa del miedo, un folleto con prólogo e ilustraciones de Max Ernst. También, por entonces, vendió su primer cuadro, Los caballos de Lord Candlestick, a la mismísima Peggy Guggenheim.
    En el verano del 38, París se convierte en un sitio incómodo para la pareja Carrington-Ernst. La segunda esposa de Max les persigue y monta escenas en los cafés. Además, Max se pelea con André Breton por cuestiones políticas. Así, deciden volver a huir al sur, a una casa de campo en ruinas que Leonora, con dinero de su madre, compra en Saint-Martin-d'Ardeche y se convertirá en su lugar en el mundo y su museo particular. Pero de eso, ya hablaremos la próxima semana.

  • Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 13/3/2023, vigesimoprimer capítulo de la octava temporada y segundo de los dedicados a a una de nuestras artistas favoritas: Leonora Carrington (Chorley, Inglaterra, 1917-Ciudad de México, 2011).
    Abordamos hoy su encuentro con el surrealismo, en la primera exposición surrealista en Inglaterra, en junio de 1936 en la New Burlington Galleries de Londres. En la inauguración estaba Bretón todo vestido de verde; Sheila Lange, enfundada en un vestido largo de satén blanco, llevaba la cara tapada por rosas llenas de mariquitas, y Dalí, vestido de buzo para sumergirse en el subconsciente, estuvo a punto de morir asfixiado. En la exposición surrealista, la joven estudiante de la academia de Ozenfant se enfrentó por vez primera a la obra de Duchamp, Dalí, Picasso, Man Ray, Magritte o Francis Picabia, y, sobre todo, la de Max Ernst. Para ella fue una revelación, se dio cuenta de que aunque fuera un bicho raro, no era la única, que algunos de los cuadros que observa en la exposición viven en un mundo de sueños fascinantes que no es el suyo, pero es perfectamente compatible. Sobre todo un pequeño collage de Max Ernst, Dos niños amenazados por un ruiseñor. Allí comprendió que, aunque por otros caminos, por su propio viaje, ella había llegado a un mundo similar a los que vivían en aquella exposición.
    Paradójicamente, fue su madre, Maggir Moorhead, quien le regaló el catálogo de la exposición. Un libro que no escondía las intenciones de los surrealistas: «No se tomen este movimiento como algo amable –escribía Herbert Read–. No es una broma más. Es un desafío, el acto desesperado de unos hombres demasiado convencidos de la podredumbre de nuestra civilización para querer salvar ni un jirón de su respetabilidad». Esta vez, el arte no trataba de interpretar el mundo, sino de transformarlo, y nada podía interesar más a Leonora Carrington.
    Tras destacar en la exposición surrealista del 36, Max Ernst fue invitado a hacer su primera muestra individual en Inglaterra. Tenía 46 años y tuvo una experiencia terrible como combatiente alemán en la I guerra mundial que le impulsó a crear el Grupo Dadá de Colonia. Una vez en París se convirtió en uno de los primeros surrealistas, uno de los más prolíficos y el que más ligaba.
    Antes de conocer al Ernst hombre, Carrington ya estaba enamorada del artista. Cuando coincidieron en una cena en la casa de los Goldfinger, una de sus compañeras de la academia, Leonora y Max se hicieron amantes «casi de forma instantánea» y empezaron a pasar todo el tiempo juntos sin sentir ninguna necesidad de ocultar su relación pese a la diferencia de edad y a que él era un hombre casado.
    Al enterarse que su hija tenía una relación íntima con un alemán casado, sin fortuna y con edad suficiente para ser su padre, Harold Carrington se puso furioso. Movió carros y carretas para que la exposición de Max Ernst fuera clausurada. Su arte era obsceno. ¿Qué digo obsceno? ¡pornográfico! Si era pornográfico era ilegal y la exposición debía clausurarse y su autor debía ser detenido y deportado a la Alemania de Hitler. Ya se encargaría él de explicar a su hija que todo lo había hecho por su bien cuando llegara el momento.
    Harold consiguió que se dictara una orden de detención contra Ernst, pero éste consiguió huir con Leonora hacia el surcia la casa victoriana que le había dejado a Roland Penrose en Lambe Creek, en Cornualles. Leonora Carrington y Max Ernst vivieron en Cornualles un verano de amor y surrealismo, porque lo más granado del surrealismo británico pasará aquel verano por Lambe Creek. Eso sí, eso os lo contamos en el próximo capítulo.

  • Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 6/3/2023, vigésimo capítulo de la octava temporada y primero de los dedicados a a una de nuestras artistas favoritas: Leonora Carrington (Chorley, Inglaterra, 1917-Ciudad de México, 2011), pintora, escultora, escritora y creadora de un mundo propio en el que la imaginación es la verdadera realidad, donde nada es lo que parece, donde todo proviene de sus propios sueños.
    Abordamos hoy su infancia y adolescencia, como única niña criada con el único objetivo de lograr con el matrimonio el ascenso social de un padre nuevo rico. Desde pequeña, Leonora Carrington se rebeló no sólo contra el mundo que la sociedad que representaba su padre le imponía, sino contra la propia esencia de esa realidad incuestionable. Como el mundo de sus mayores, el mismo de sus crueles hermanos, o le interesaba, creó uno propio en el que habitaban los gnomos, fantasmas y gigantes ed las leyendas celtas que le contaban su madre, su abuela y su niñera, en el que tuvieron mucho que decir el mundo de sus libros, el de Lewis Carroll, el de Edward Lear o el de Jonathan Swift.
    Sus hermanos iban al colegio, pero ella permanecía en el castillo de su padre con una institutriz francesa que detestaba. Con doce años, la enviaron a un internado religioso para prepararse para el mercado del matrimonio en el mismo convento donde Oscar Wilde estuvo encarcelado. Se negó a colaborar y la expulsaron por no ser capaz de estudiar y jugar dentro de las estrechas normas de las monjas. Pese a que llegó a fantasear con ordenarse monja o con ser santa, también fue expulsada del siguiente internado católico.
    Su padre decidió enviarla a una escuela de modales para jóvenes aristócratas en Florencia, pero, en vez de modales, se encontró con la pintura renacentista de Pisanello y Uccello y con la vocación de ser artista. Tras 8 meses entre arte italiano, fue a otra escuela de modales en París, allí encontró el Louvre y una nueva expulsión y empezó a estudiar pintura realista.
    En 1935, su padre la presentó a la corte del rey Jorge V para iniciarla en la alta sociedad. Nada podía horrorizarla tanto, en un relato, La debutante, fantaseó con ser sustituida por una hiena en su presentación en sociedad. Igual que la hiena, no tuvo pretendientes fuera del arte.
    En 1936 entra en la academia que el pintor cubista francés Ozenfant abre en Londres. Ese mismo año acudirá a la primera exposición británica de los surrealistas y descubre que algunos de los cuadros que ve viven en un mundo de sueños fascinante que puede ser compatible con el suyo. Pero de ella y los surrealistas, hablaremos la próxima semana.

  • Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 27/2/2023, décimo novena entrega de la octava temporada dedicada al inventor gallego José Valle Armesto, padre del abrelatas de bolsillo.

  • Sección del programa de RPA "La radio es mía" que demuestra que la modernidad es algo que viene de antiguo. Emisión del 13/2/2023, décimo octavo episodio de la octava temporada y quinto y último dedicado a Paquito Arderius.
    En 1872, igual que había sucedido en la Francia de después de la Comuna de París, el género bufo dio síntomas de agotamiento en España y Francisco Arderius (Evora, 1835 - Madrid, 1886), que por encima de todo era un tipo inteligente, giró su estilo hacia la comedia. En 1873, la compañía de los Bufos Arderius pasó a llamarse Compañís de zarzuelas del Señor Arderius y siguió cosechando éxitos combinando obras de autores consagrados con las de noveles a quienes daba su primera oportunidad. En esos años, siguiendo el ejemplo de Offenbach, se volcó en la nueva moda europea, llevar las novelas de Julio Verne la escena. Empezó con l éxito mediano de La vuelta al mundo de Larra y Barbieri y cosechó un gran fracaso con El viaje a la luna de Larra y Rogel, pero, en agosto 1877 estrenó en el Teatro del Príncipe Alfonso la obra más inmortal de las promovidas por Arderius, Los sobrinos del Capitán Grant, novela cómico lírico dramática de Miguel Ramos Carrión y música de Manuel Fernández Caballero.
    En septiembre de 1878, la prensa se congratula de la conversión de Arderius al género zarzuelístico serio. Con la nueva década arrienda el Teatro de la Zarzuela y congrega a los mejores compositores y libretistas del momento. En un informe al Ministerio de Fomento, dice que se constituye «en empresario de zarzuela y ópera española, para ver si consigue que se levante aquella de la postración en que yace y que ésta llegue a encontrarse sólidamente creada y justamente aplaudida». No lo debió conseguir porque ese mismo 1881 abandonó la escena y se retiró. Tras una larga enfermedad pulmonar, Paquito Arderius murió el 20 de mayo de 1886 en su casa del Paseo del Cisne. Solo tenía 50 años. Su entierro fue multitudinario, pero su memoria fue pronto olvidada. Esperamos que con esta serie de Modernos de otros tiempos ayudar a su necesaria recuperación.
    «Y yo… yo… soy Arderius, el que trasplantó el género bufo a España. De mi cosecha, a pesar de las fuertes tempestades que sopló sobre mí el país de la envidia, he recogido algunos frutos y estoy contento».